El hallazgo de un nuevo dinosaurio con plumas en el noreste de China ha permitido demostrar que los dinosaurios y las aves no heredaron la capacidad de vuelo de un ancestro común, sino que desarrollaron las habilidades de manera independiente y convergente. El ejemplar de microrraptorino (pequeños dinosaurios con plumas y alas), excepcionalmente bien conservado, fue descubierto en la formación geológica Jiufotang (China), un yacimiento del Cretácico Inferior con una antigüedad de entre 145 y 100 millones de años.
Los microrraptorinos eran pequeños dinosaurios depredadores parecidos a las aves y parientes cercanos de estas.
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Los fósiles descubiertos hasta ahora (la mayoría en China) mostraban que algunos microrraptorinos tenían plumas largas tanto en las extremidades anteriores como en las posteriores, lo que sugiere que podrían haber estado adaptados para el vuelo.
Los Paraves
Durante mucho tiempo, los paleontólogos han debatido si la capacidad de volar o planear surgió una sola vez en el ancestro común de los Paraves (el grupo que incluye a los microrraptorinos y las aves) o si las características necesarias para ello evolucionaron de forma independiente en múltiples ocasiones.
El estudio describe un fósil de 57 centímetros que conserva partes de su plumaje y que, según los análisis, tenía al menos tres años al morir.
Al comparar las características de vuelo del nuevo fósil con las de otros microrraptorinos y con las del linaje de las aves primitivas (Avialae), descubrieron que estos pequeños carnívoros y las aves primitivas compartían 57 características morfológicas relacionadas con el vuelo, lo que representa aproximadamente el 30 % de sus rasgos físicos claves necesarios para volar.
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Sin embargo, pese a compartir gran número de estructuras, los investigadores creen que aves y dinosaurios no heredaron un “mapa de diseño” único, sino que desarrollaron sus aparatos de vuelo de una manera completamente “independiente y convergente”, en respuesta a necesidades similares y a distintas presiones evolutivas.
Para los autores, la prueba principal de esta separación está en el orden en que evolucionaron sus cuerpos, que fue completamente opuesto: en el linaje de las aves, la evolución transformó primero la cintura pectoral y las articulaciones del ala antes de modificar la mano.
Para los autores, esta divergencia en la secuencia temporal de cambios demuestra que no existía un modelo genético latente o compartido que guiara a ambos grupos.
Este patrón osteohistológico difiere de los mecanismos de desarrollo que se ve en las aves voladoras actuales, lo que confirma que las alas de los microrraptorinos se formaron bajo sus propias dinámicas biológicas.
