La primera etapa ofreció un espectáculo sumamente entretenido, marcado por un protagonismo repartido que no dio respiro. Libertad intentó asumir el rol protagónico e intentó adueñarse de los hilos del encuentro; sin embargo, se topó con un Sportivo Luqueño aguerrido. El “Auriazul” no solo planteó una batalla física para intentar desactivar los circuitos creativos del Gumarelo, sino que también tuvo la personalidad necesaria para proponer juego asociado y tratar con delicadeza el esférico cada vez que contaba con la posesión.
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El “Gumarelo” fue el primero en inquietar, en una acción que se gestó desde un pase aéreo de Hernesto Caballero, que rompió líneas para encontrar la proyección de Samuel Villalba. El joven lateral, apareciendo totalmente libre de marca por la derecha, en lugar de buscar un receptor en el corazón del área, sorprendió a todos con un derechazo cruzado que hizo sonar el metal tras estrellarse en el poste derecho de Alfredo Aguilar. El rebote, cayó en los pies de Gustavo Aguilar, quien ensayó un zurdazo cruzado, que Alfredo Aguilar, recostándose sobre su poste izquierdo, logró desviar sobre su caño izquierdo.
El “Gumarelo” volvió a acechar el arco auriazul con una combinación que nació en los pies de Matías Rojas, quien transportó por la banda derecha antes de conectar con Lorenzo Melgarejo. El delantero, cercado por la marca y sin ángulo para el remate, se apoyó nuevamente en Rojas, quien tras soltar el pase, cruzó de una banda a otra para aparecer por el sector izquierdo. Desde allí envió un centro atrás rasante, encontrando la llegada de un Melgarejo que no pudo darle dirección a su disparo; su definición, algo defectuosa, se perdió susurrando el poste izquierdo de un Alfredo Aguilar.
El partido se transformó en un frenético ida y vuelta, con ambos equipos golpeando y recibiendo en cada área. Sin embargo, fue el Sportivo Luqueño el que tuvo la lucidez necesaria para romper el celofán. La jugada del estallido auriazul nació de la presión de Quintana, quien recuperó el balón y promovió la réplica que derivó en los pies de Sergio Díaz, el cerebro de la maniobra, quien conectó de inmediato con Iván Maggi. El delantero, amagando con el remate directo, decidió devolverle la gentileza a Díaz; el “Chico”, lanzándose para conectar el esférico, lo depositó el esférico en el fondo de la red.
La alegría auriazul fue efímera, pues apenas tres minutos después, el “Gumarelo” respondió con un golazo que nació del botín de Gustavo Aguilar, quien, tras quedarse sin panorama para el remate, tuvo la frialdad de abrir el juego hacia la izquierda. Por ese sector apareció Fretes, para enviar un centro bombeado con aroma a peligro. Lo que siguió fue pura inspiración: Lorenzo Melgarejo, en un alarde de jerarquía, se suspendió en el aire y ensayó una chilena espectacular. Aunque el impacto no fue pleno y con la “canilla”, el destino estaba escrito para el goleador en estado de gracia. El esférico trazó una parábola perfecta que sobró a un Alfredo Aguilar y superó el cierre desesperado de Alexis Villalba, quien no pudo evitar que la pelota cruzara la línea.
En el complemento, Libertad tomó las riendas del protagonismo ante un Luqueño que comenzó a pagar el despliegue físico. El equipo de Tuyucuá no perdonó y encontró los espacios para ponerse al frente, con el tanto que nació desde Matías Rojas, quien activó un desborde punzante de Alexis Fretes por la banda izquierda. El juvenil llegó a línea de fondo y envió un “centro de la muerte” hacia el corazón del área. Allí apareció nuevamente el hombre de la tarde: Lorenzo Melgarejo, quien ante la marca de Wiechniak encima, hizo gala de su jerarquía; se perfiló y desparramó al zaguero argentino para quedar de cara al arco y sacó un zurdazo cruzado y rasante que se coló pegado al poste izquierdo de Alfredo Aguilar, quien nada pudo hacer ante la precisión del goleador.
Al cumplirse la hora de partido, el “Gumarelo” estiró la ventaja, con la conquista que nació en los pies de Samuel Villalba, quien desde un saque lateral habilitó a Hernesto Caballero. El mediocampista, rompió líneas y alcanzó la línea de fondo para enviar un centro venenoso al corazón del área, a la posición de Lorenzo Melgarejo, quien pese a la marca pegajosa de Paul Riveros, el goleador logró conectar un cabezazo que, aunque no buscó el arco de forma directa, se transformó en una asistencia para Alexis Fretes, este no perdonó y sometió a un Alfredo Aguilar que se quedó estático, sin margen para achicar el ángulo de tiro.
Cuando el cronómetro aún no alcanzaba el último cuarto de hora, el “Auriazul” demostró que no estaba muerto. En una jugada tejida con paciencia y criterio, el balón derivó hacia la banda derecha para Marcelo Ojeda, quien dio una auténtica clase de amague y desborde: primero insinuó un centro con la derecha que hizo pasar de largo a Néstor Giménez, con el espacio ganado, cambió el perfil y lanzó un centro medido de zurda al poste opuesto. Allí, Sebastián Quintana con una “atropellada” llena de determinación, anticipó el cierre de Samuel Villalba y conectó un cabezazo soberbio que se incrustó en el ángulo superior derecho de Ángel González.
