Cerro Porteño volvió a padecer los mismos síntomas que explican su pésimo momento: poco resto físico, escasas ideas de juego y una preocupante falta de efectividad. Y cuando un equipo reúne esas carencias, termina expuesto ante rivales ordenados y con una mejor condición física, como ocurrió esta noche frente al Sportivo 2 de Mayo.
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El conjunto de Pedro Juan Caballero se impuso 2-0 en La Nueva Olla, con un planteamiento seguro y pragmático de su entrenador, Eduardo Ledesma, quien dispuso una línea de cinco defensores, cuatro mediocampistas y un solo delantero. En la previa, el objetivo parecía ser claro: cerrar los espacios, resistir y tratar de llevarse al menos un punto de barrio Obrero. El Gallo terminó consiguiendo mucho más.
El problema de Cerro volvió a ser el mismo. No encontró respuestas. Ni futbolísticas ni físicas. La llegada de Gustavo Costas había renovado la ilusión de una reacción, pero con el correr de los partidos esa expectativa se fue diluyendo. El equipo no mostró una transformación evidente y, ante 2 de Mayo, tampoco transmitió la ambición necesaria para revertir una situación que ya se volvió recurrente.
El espejismo de la Copa Paraguay tampoco alcanza para ocultar las malas actuaciones del Ciclón en el campeonato local. Cada presentación vuelve a mostrar a un equipo que juega con dificultades, genera poco peligro real y, cuando tiene oportunidades, tampoco consigue resolverlas.
2 de Mayo necesitó menos de diez minutos para encontrar el camino hacia el gol. Matías Moya inició una gran acción, Alan Gómez participó en la elaboración y Tobías Cervera apareció para definir y establecer el 1-0.
Cerro intentó reaccionar rápidamente y adelantó sus líneas, pero volvió a tropezar con una de sus grandes dificultades: la definición. Jonatan Torres y Pablo Vegetti tuvieron intervenciones en las que faltó ese toque final que transforma una aproximación en gol.
El funcionamiento tampoco ayudó. El ingreso de Iturbe desde el inicio no terminó de funcionar y su rendimiento estuvo lejos de lo que exigía un partido de esta naturaleza. Pero también es cierto que las opciones de Costas estaban condicionadas por las lesiones y la conformación actual del plantel.
El dato más llamativo del primer tiempo fue la cantidad de tiros de esquina a favor de Cerro: diez. Sin embargo, ninguno consiguió convertirse en una situación realmente peligrosa. Mucha acumulación territorial, poca profundidad.
En la segunda etapa, 2 de Mayo no necesitó cambiar demasiado. Mantuvo el orden, esperó su momento y volvió a explotar los espacios que dejaba Cerro.
En una acción de contragolpe, Alan Gómez apareció para marcar el 2-0 y sentenciar prácticamente el partido. El Gallo encontró en la transición ofensiva el recurso que necesitaba para castigar a un rival que, con el correr de los minutos, se quedó sin respuestas.
Cerro tuvo la pelota por momentos, pero no tuvo el partido. Y esa diferencia resulta fundamental. El Ciclón no fue superior a 2 de Mayo, ni siquiera en su propia cancha, y el resultado terminó reflejando con bastante fidelidad lo que ocurrió sobre el campo.
La imagen azulgrana fue paupérrima. Sin intensidad sostenida, sin claridad y sin contundencia, Cerro volvió a quedar atrapado en sus propios problemas.
Ahora queda la Copa Paraguay, probablemente la última oportunidad del Ciclón para maquillar una campaña local que se está convirtiendo en una sucesión de decepciones. Pero incluso para aspirar a esa reivindicación, Cerro deberá mostrar algo que hoy parece haber perdido: fútbol, energía y carácter.
