Corría el primer cuarto de hora del partido en el Estadio Jalisco cuando la confianza del conjunto tapatío permitió que sus defensores rompieran líneas. Fue entonces cuando el zaguero argentino, asistido magistralmente por el paraguayo Diego González, apareció por sorpresa a espaldas de los centrales rivales dentro del área rival, picando al espacio como un delantero.
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Con una frialdad propia de un delantero de élite, el “28” de los Zorros quedó mano a mano con el portero Ricardo Gutiérrez y, en un gesto técnico exquisito, lo dejó en el camino con un ‘sombrerito’ perfecto. Sin embargo, lo que parecía el gol de la jornada terminó en blooper: con el arco a su merced y a escasos metros de la línea de gol, el defensor intentó definir de cabeza, pero envió el esférico inexplicablemente por encima del larguero.
La imagen posterior lo dijo todo: completamente incrédulo, el zaguero de reciente paso por Para Uno pegó el grito de lamento al cielo y, tras asimilar el error, corrió rápidamente a recuperar su posición natural en la zaga, consciente de haber desperdiciado una oportunidad histórica para coronar su debut.
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Pese al increíble fallo, el rendimiento del argentino fue sumamente correcto en su función principal, en le última línea del elenco dirigido por Diego Cocca. Jugó los 90 minutos y demostró una rápida adaptación al fútbol mexicano, siendo clave para que el Atlas lograra sostener la ventaja mínima y sumar sus primeros tres puntos en este nuevo ciclo.
El otro gran protagonista de la noche fue el paraguayo Diego González. El volante nacional completó un partido de alto vuelo, siendo el motor del mediocampo y el responsable directo de habilitar a Capasso en la jugada del “blooper”, además de fabricar el penal para que el serbio-montenegrino Uros Djurdjevic termine concretando lo que fue ventaja mínima en el marcador.
