El Mundial de 2026 ya no es solo el más grande de la historia en dimensiones; se ha convertido en una implacable máquina de triturar registros. La polémica ampliación del formato a 48 selecciones, lejos de diluir el interés, ha desatado una fiebre por el fútbol que ha sepultado marcas que parecían eternas. Con Leo Messi de nuevo en el centro de los focos y una asistencia masiva, la primera fase del torneo ha reescrito los libros de historia antes de dar paso a las eliminatorias directas.
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La fase de grupos ofreció un maratón sin precedentes de 72 partidos disputados a lo largo de 17 días consecutivos, un volumen que contrasta con los 48 encuentros en poco más de doce días que caracterizaban el formato anterior. Esta saturación de partidos propició que el récord de asistencia total en un Mundial, vigente desde la edición de Estados Unidos 1994 con algo más de 3,5 millones de espectadores, cayera oficialmente durante el partido entre Alemania y Ecuador en el MetLife de Nueva York/Nueva Jersey, días antes de concluir la ronda inicial. Con los estadios operando por encima del 99% de su capacidad, la cifra final del torneo establecerá un listón prácticamente inalcanzable para el futuro.

En este contexto de hitos, el Estadio Azteca sumó una nueva página a su leyenda. El templo donde se coronaron Pelé y Diego Maradona se convirtió en el único escenario del planeta en albergar tres partidos inaugurales. Para regocijo de la afición local, la selección mexicana logró romper su histórico maleficio y ganó por primera vez un partido de apertura en su octavo intento, al imponerse por 2-0 a Sudáfrica en un accidentado encuentro que también impuso una marca temprana de tres expulsiones.

El plano deportivo ha quedado marcado por la consagración absoluta de Leo Messi. En su sexta Copa del Mundo —una constancia que comparte con Cristiano Ronaldo y Guillermo Ochoa—, el capitán argentino solo necesitó dos partidos para desplazar al alemán Miroslav Klose como el máximo artillero en la historia de los Mundiales. Tras anotar tres goles frente a Argelia y dos ante Austria, Messi elevó su cuenta histórica a 18 tantos. El ritmo anotador de esta edición, espoleado por el acoso de figuras como Kylian Mbappé, Erling Haaland y Vinicius, amenaza incluso el legendario récord de 13 goles en un solo torneo que el francés Just Fontaine mantiene desde 1958.

La longevidad en los bancos también ha vivido una revolución cronológica en apenas 72 horas. La marca del alemán Otto Rehhagel, quien dirigió a Grecia en 2010 con 71 años, fue superada sucesivamente por el belga Hugo Broos con Sudáfrica (74 años) y el checo Miroslav Koubek (74 años y nueve meses). Finalmente, el neerlandés Dick Advocaat, al frente de la selección de Curazao, fijó el nuevo techo de veteranía en los 78 años. Fue precisamente bajo las órdenes de Advocaat donde se firmó otra de las grandes hazañas de la primera fase: el guardameta Eloy Room logró sostener un empate sin goles ante Ecuador gracias a 15 paradas, la mayor cantidad registrada por un portero en los noventa minutos reglamentarios de un partido mundialista.

