El último baile de los dioses: cuando el fútbol se detiene para coronar a sus mitos

Lionel Messi de Argentina saluda este martes, al finalizar un partido amistoso entre Argentina y Benín en el estadio Monumental, en Buenos Aires (Argentina). Messi afirmó que "fue un orgullo muy grande defender esta camiseta" y que "jugar en la selección argentina es lo más lindo que te puede pasar" en su último partido con la Albiceleste.
Lionel Messi de Argentina saluda este martes, al finalizar un partido amistoso entre Argentina y Benín en el estadio Monumental, en Buenos Aires (Argentina). Messi afirmó que "fue un orgullo muy grande defender esta camiseta" y que "jugar en la selección argentina es lo más lindo que te puede pasar" en su último partido con la Albiceleste.Adán González

La sombra del adiós definitivo de Leo Messi a la selección argentina ha vuelto a remover las fibras más íntimas de la nostalgia futbolera, resucitando ese viejo y bellísimo ritual del último baile con el que el deporte rey rinde pleitesía a sus divinidades.

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Mientras los libros de historia guardan postales irrepetibles como la de Pelé despidiéndose ante una marea humana en Maracaná, la rebeldía visceral de un Maradona convirtiendo la amargura en poesía eterna, o las solemnes y cuidadas funciones de colosos de la talla de Beckenbauer, Garrincha, Platini, Zico y Ricardo Zamora, la realidad del césped rara vez entiende de finales perfectos. No todos los elegidos disfrutaron del calor masivo de sus banderas, y muchos gigantes del balón tuvieron que conformarse con epílogos silenciosos o lejanos a los focos federativos.

El rey que se marchó en la cumbre

Aquel amargo sino, sin embargo, rozó de lejos a Edson Arantes do Nascimento, un Pelé consagrado por la eternidad como el esteta supremo del balompié. El astro brasileño apenas rozaba las treinta primaveras cuando dictaminó que su idilio dorado había tocado techo. Apenas trece meses después de alzar en tierras mexicanas su tercer entorchado mundialista, un hito sin parangón en los anales del deporte, renunció a la pentacampeona cuando su cetro aún brillaba con fuerza incontestable.

Brasil preparó una despedida a la altura de su leyenda. El 18 de julio de 1971, Yugoslavia acudió a Maracaná y 138.575 espectadores llenaron las gradas para decir adiós al hombre que durante más de una década representó al fútbol brasileño. Pelé jugó la primera parte. No marcó. En el descanso recorrió el césped mientras la grada repetía “Fica, Pelé!” (“¡Quédate, Pelé!”). Claudiomiro ocupó su lugar y el encuentro terminó 2-2.

Con aquella catarsis colectiva cerró su trayectoria internacional tras acumular 92 batallas y firmar 77 dianas para el recuerdo. Su magia continuó deslumbrando durante un sexenio más, defendiendo la elástica del Santos hasta 1974 antes de cruzar el charco para estirar su leyenda en el Cosmos de Nueva York hasta 1977.

Maradona y una pelota que no se mancha

La relación de Diego Armando Maradona con la zamarra albiceleste necesitó atravesar un auténtico calvario temporal antes de hallar la redención definitiva. Su último servicio oficial se consumó el 25 de junio de 1994, frente a Nigeria, en el marco mundialista de Estados Unidos. Después llegaron el control antidopaje, la expulsión del torneo y aquella imagen de Maradona abandonando el campo de la mano de una enfermera.

Pese al abrupto y amargo borrón, su país le tenía reservado un desenlace cargado de romanticismo popular. El 10 de noviembre de 2001, más de 50.000 personas llenaron la Bombonera para un Argentina-Resto del Mundo construido alrededor de su figura. Maradona, con 41 años y el número 10, marcó dos goles de penalti en el triunfo argentino por 6-3 y recibió el homenaje de compañeros, rivales y una grada entregada.

Pero de aquella noche mágica sobrevivieron sobre todo siete palabras que hoy son dogma de fe universal: “Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha”.

Beckenbauer: el Kaiser que jugó contra su propia patria

El destino del mariscal Franz Beckenbauer adoptó tintes de absoluta excentricidad tras acumular un lustro de ausencia en las convocatorias de la Alemania Federal. El capitán que había elevado al cielo el trofeo orbital en 1974 pertenecía ya a otra dimensión del fútbol germano. El 1 de junio de 1982, Alemania Federal se enfrentó al Hamburgo en un partido organizado en su honor. Beckenbauer no recuperó la camiseta que vistió 103 veces: eligió la de su club y se enfrentó a su país.

El pulso concluyó con un 4-2 favorable a la máquina germana, pero el ‘Kaiser’ quiso estampar su sello personal en forma de anécdota irrepetible. Primero marcó en propia puerta. Después, en el minuto 86, anotó para el Hamburgo. Su última gran noche alemana terminó así con dos goles, uno para cada lado.

Garrincha: cuando Brasil salió a rescatar a su genio

Mientras el Rey Pelé eligió milimétricamente el timing de su retirada, Mané Garrincha necesitó ser rescatado del olvido por su propio país. Aquel Mundial de Inglaterra 1966 clausuró de manera abrupta la trayectoria internacional del extremo que maravilló en Suecia 1958 y alcanzó su cima en Chile 1962. Su carrera inició después un rápido declive y, siete años más tarde, Brasil decidió devolverle a la gloria y el recuerdo por una noche.

El 19 de diciembre de 1973, Maracaná acogió el ‘Jogo da Gratidao’ (partido de la gratitud), un Brasil-Resto del Mundo organizado para homenajear a Garrincha y ayudar económicamente al viejo ídolo. Mané tenía 40 años y llevaba desde 1966 fuera de la selección. Pelé, Carlos Alberto, Jairzinho, Rivelino o Clodoaldo participaron en un encuentro que Brasil ganó 2-1.

Apartado ya de la élite, Garrincha disputó parte del partido y abandonó el césped entre lágrimas. Maracaná se levantó para despedir al futbolista de las piernas torcidas que convirtió el regate en una forma de diversión.

Platini, la cumbre intergeneracional en Nancy

El idilio de Michel Platini con los terrenos de juego ya pertenecía al pasado cuando la ciudad de Nancy, cuna donde desató sus primeros destellos profesionales, reunió al fútbol para despedirlo. El 23 de mayo de 1988, la Francia campeona de Europa cuatro años antes volvió a juntarse para enfrentarse a una selección del Resto del Mundo.

La constelación gala no defraudó: Giresse, Tigana, Luis Fernández, Amoros o Rocheteau acompañaron a Platini. Enfrente aparecieron Maradona, Matthäus, Futre, Hugo Sánchez, Zico, Francescoli o Boniek, con Pelé como invitado de honor.

La picaresca, cómo no, corrió a cargo del ‘Pelusa’: Maradona ni siquiera pensaba jugar y llegó sin botas. Platini terminó convenciéndolo y Papin le prestó las suyas. El encuentro acabó 2-2, aunque el resultado fue lo de menos. Aquella noche dejó además una fotografía para la historia: Pelé, Maradona y Platini juntos. Tres generaciones del fútbol reunidas para despedir a uno de ellos.

Zico, el mago que conquistó el mito sin la Copa

La fecunda escuela brasileña redobló su tradición de honrar a sus tótems con Arthur Antunes Coimbra, Zico, replicando los fastos dispensados a Pelé y Garrincha en el ocaso de los ochenta.

El escenario fue el Friuli de Udine, ciudad que conocía bien al brasileño por su paso por el fútbol italiano. El 27 de marzo de 1989, Brasil se enfrentó a una selección del Resto del Mundo. Zico ejerció de capitán de un equipo en el que aparecieron Romário, Careca o Dunga. El Resto del Mundo ganó 2-1, con goles del uruguayo Enzo Francescoli y Lajos Détári. El marcador era lo de menos.

Zico nunca conquistó el Mundial que sí acompañó a Pelé y Garrincha. Su nombre quedó unido a la extraordinaria selección brasileña de 1982, un equipo que consiguió algo reservado a muy pocos derrotados: entrar en la mitología del fútbol sin levantar la Copa que tal vez mereció, la de España 1982.

Zamora, pionero absoluto de los homenajes en España

Mucho antes de Pelé, Garrincha, Maradona o Beckenbauer, España ya entendió que algunos futbolistas merecían una última noche diferente. El 20 de diciembre de 1934, el antiguo Chamartín acogió un España-Hungría organizado como homenaje a Ricardo Zamora. El guardameta era entonces una celebridad internacional y uno de los primeros futbolistas españoles cuya fama atravesó las fronteras. España ganó 3-1.

La historia pudo terminar allí. Pero el fútbol español volvió a buscar a Zamora 33 años después. El 15 de junio de 1967, España participó en un nuevo homenaje al mítico guardameta. Esta vez el rival fue una selección del Resto del Mundo en el Santiago Bernabéu, con figuras como Eusébio o Sandro Mazzola. Los visitantes ganaron 0-3.

El lugar de Zamora lo ocupó Iribar y el viejo mito, con 66 años, vio el partido alejado del césped. Llevaba más de tres décadas retirado y pocas leyendas pueden presumir de recibir dos homenajes internacionales separados por 33 años.

Estrellas sin adiós con su selección

El firmamento futbolístico, sin embargo, acumula ausencias de gigantes que colgaron las botas nacionales en la más absoluta discreción. Johan Cruyff disputó su último partido con Países Bajos el 26 de octubre de 1977, ante Bélgica. No hubo ceremonia. Después decidió no disputar el Mundial de Argentina de 1978 pese a la campaña popular que trató de convencerlo. Su gran homenaje llegó con el Ajax frente al Bayern y terminó de la forma menos imaginable: 0-8.

Alfredo di Stéfano tampoco tuvo una despedida internacional a la altura de su dimensión. Su propia trayectoria explica parte de la anomalía: jugó con Argentina, participó en encuentros con Colombia que la FIFA no reconoce como oficiales y terminó defendiendo a España. Su gran homenaje llegó con el Real Madrid ante el Celtic, en 1967.

Los desvíos de la historia propiciaron que otros colosos cosechasen su última gran ovación bajo lógicas alternativas. En 1971, Lev Yashin reunió a más de 100.000 personas en Moscú para un Dinamo-Resto del Mundo plagado de estrellas; Eusébio da Silva recibió al Resto del Mundo con el Benfica; Stanley Matthews, en 1965, juntó con 50 años a figuras como Yashin, Di Stéfano, Puskas, Raymond Kopa o Eusébio; Bobby Charlton tuvo su noche en Old Trafford en un United-Celtic de 1973; y George Best regresó a Windsor Park para un Best XI-Resto del Mundo en 1988.