Con una madurez llamativa para su juventud, el mediocampista comenzó su publicación tomándose un tiempo para procesar lo vivido: “Hoy, con la mano en el corazón y la cabeza fría, solo me queda decir: GRACIAS!”.
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Inmediatamente después, el futbolista de la Albirroja no quiso olvidarse de todos aquellos que empujaron el barco desde el anonimato y el esfuerzo diario: “Gracias a cada persona que creyó en nosotros desde el primer día. Gracias a este grupo extraordinario, humilde y trabajador. gracias a todos los que fueron parte de este camino”.

Mirando hacia el futuro y con la ambición intacta de volver a colocar al país en los primeros planos internacionales, Galarza dejó en claro que esto es solo el punto de partida de su historia con la selección: “Este Mundial fue una experiencia que jamás voy a olvidar. El primero de muchos, si Dios quiere. Porque voy a trabajar para seguir representando a mi país con el mismo orgullo de siempre, porque Paraguay merece estar en lo más alto y nuestra gente lo demuestra cada día”.
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Para cerrar su publicación, el volante sintetizó el valor sentimental de lo vivido en el torneo y remató el posteo con sus habituales siglas de cabecera: “Me llevo recuerdos para toda la vida. O.D.C.”.

Esas tres siglas finales no son una novedad en su repertorio, ya que el jugador las utiliza habitualmente en sus apariciones públicas. En las plataformas digitales y entre la hinchada se popularizó la teoría de que el misterioso “O.D.C.” nacía de una dedicatoria inspirada por su abuelo, el futbolista se encargó de aclarar que el verdadero significado detrás de su lema de cabecera es “Orgullo, Disciplina y Compromiso”.
Y vaya si cumplió con esa premisa en la cancha. Con esa misma filosofía, el volante se transformó en el auténtico motor de la selección paraguaya a lo largo de toda la cita ecuménica. Su peso específico quedó sellado en momentos cumbre del torneo, como cuando firmó el agónico gol del triunfo ante Turquía para asegurar el boleto a los dieciseisavos de final, o cuando asistió a Julio Enciso en aquella histórica victoria frente a Alemania.

Sin embargo, más allá de los valiosos registros estadísticos que dejó en las planillas, lo que verdaderamente encendió el orgullo guaraní y conectó con la gente fue su inquebrantable temperamento combativo. El canterano de Olimpia se plantó como un jugador que transpiró la camiseta albirroja hasta la última gota de sudor, jugando sin complejos frente a las máximas potencias mundiales. Esa personalidad indomable quedó retratada a la perfección en la despedida ante el combinado galo, donde se lo vio discutiendo cara a cara y sin dar un paso atrás frente a las estrellas de Francia.

