Carichú Arce, como lo conoce la grey burrera de todas las épocas, desplegó sus mágicos dotes con la fusta sobre el lomo de recordados Sangre Pura de Carrera, entre los que a su juicio resaltó al fondista Picoretto, con el cual consiguió los laureles del Gran Premio “Carlos Pellegrini”1978 del turf, en la edición provincial de la ciudad de Corrientes.
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Fue una época en que había “un puente” entre las actividades el Litoral argentino y el turf paraguayo.
Según cuentan sus conocidos (su nieta Karina Vera) el mote de “Carichú” le pusieron los muchachos “como no perdía carreras, estaba en su mejor racha y le decían carichú paye es un pajarito del Chaco difícil de atrapar”.
El eximio jinete paraguayo también tuvo grandes actuaciones en otras pistas, brillando con el tordillo “paraguayo” Anticipado en el Gran Premio “Aniversario de la Fundación de la Ciudad de Campo Grande”, Brasil.

En el Jockey Club del Paraguay fue mayúscula su conducción en el óvalo tembetaryteño con cracks como Atila, un binomio que marcó época y que dominó los clásicos de la época, así como también fue dupla con grandes ganadores como el récordhorse El Compositor, Siciliano, Gal, Dodú, así como Barcelonés del ex Presidente Andrés Rodríguez, Ramifi, Bambino, Seu Cadir, Capitán Bío, entre otros.
Comentarios especializados de medios argentinos como Clarín recuerdan al moreno guaraní, por su notable “inteligencia táctica, rigor en la conducción y una gran capacidad para definir carreras” en los metros finales, así como por ser “un profesional leal, humilde y honesto, siendo un espejo y ejemplo para las generaciones de jockeys que le sucedieron”.

Con una trayectoria de mas de 40 años, Carichú también seguiría celebrando victorias, pero estas ya desde la tribuna de cuidadores del Jockey Club asunceno, como con La Beute del Haras Libra, que estuvo a su cuidado allá por el ‘97, entre otros pingos que pasaron por aquellas recordadas manos prodigiosas.
