De acuerdo con los recientes datos del organismo y publicados por Bloomberg, Argentina mantiene un saldo de 41.789 millones de Derechos Especiales de Giro (DEG, un activo de reserva internacional creado por el FMI) equivalente a US$ 57.360 millones, lo que representa 8,6% de su PIB. Ecuador registra 7.205 millones de DEG, equivalentes a US$ 9.891 millones, con una deuda equivalente al 7,3% de su producto. Costa Rica acumula US$ 2.459 millones, equivalente al 2,3% del PIB.
En este mapa regional, Paraguay presenta una posición diferenciada. El saldo pendiente asciende a 231,6 millones de DEG, equivalentes a US$ 318 millones. En términos relativos, esta cifra representa 0,6% del PIB, estimado en US$ 51.670 millones. Junto con El Salvador y Haití, Paraguay se ubica con uno de los ratios más bajos entre los países analizados.
La comparación es relevante. Jamaica, por ejemplo, mantiene compromisos por US$ 1.222 millones, equivalentes al 5,1% de su PIB. Barbados alcanza 6,9% del PIB y Surinam exhibe la mayor proporción relativa con 12,1% del producto. Incluso Honduras, con una economía más pequeña, presenta un ratio de 1,6%, superior al paraguayo.

Esta diferencia no es menor. Mientras en economías como Argentina el vínculo con el FMI se convierte en un eje estructural de la política económica, condicionando metas fiscales, monetarias y cambiarias, Paraguay enfrenta una exposición significativamente más moderada.
Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy
La magnitud del compromiso argentino explica parte de la tensión financiera que atraviesa ese país. Los pagos programados y la necesidad de renegociaciones marcan el calendario económico de 2026. En el caso ecuatoriano, la deuda con el Fondo también implica un seguimiento cercano de metas fiscales y reformas estructurales.
En línea con lo anterior, en América Latina, la experiencia reciente muestra que niveles elevados de deuda con el FMI suelen estar asociados a crisis previas de balanza de pagos o desequilibrios fiscales persistentes. Argentina y Ecuador, como se mencionaba, son ejemplos claros de cómo shocks externos y desbalances internos conducen a programas de asistencia de gran escala.

En declaraciones a Bloomberg en Línea, Jonathan Fortun, economista del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), expresó que “el principal reto que enfrenta América Latina este año en términos de servicio de la deuda no es un problema generalizado de solvencia, sino una combinación cada vez más exigente de costos financieros elevados, crecimiento moderado y una menor tolerancia del mercado a desvíos fiscales”.
En el escenario doméstico, el bajo nivel de deuda de Paraguay con el FMI no implica ausencia de desafíos. En efecto, el país continúa enfrentando limitaciones estructurales propias de economías abiertas y dependientes de commodities. La ausencia de una política con foco en la calidad del gasto, la volatilidad climática, la concentración exportadora y el contexto internacional de tasas de interés elevadas influyen en la dinámica fiscal y en el costo del financiamiento externo.
Además, el análisis debe ampliarse más allá del FMI. La deuda pública total y su composición por moneda, plazo y acreedor determinan la verdadera sostenibilidad fiscal. Aunque la exposición directa con el Fondo es baja, la evolución del déficit fiscal y la necesidad de financiamiento en mercados internacionales siguen siendo variables clave para este año.
* Este material fue elaborado por MF Economía e Inversiones.
