IPS: de la crisis al círculo virtuoso, una oportunidad que no se puede perder

Grupo de personas esperando en mostrador, algunos con bolsas, en un ambiente iluminado y organizado.
Durante años, el debate sobre el IPS se centró en ajustes: subir aportes, cambiar reglas, recortar beneficios. Hoy no se trata únicamente de pedir más al aportante, sino ofrecerle más valor, plantea el analista Emilio Rojas.Claudio Genes

El economista Emilio Rojas advierte que la crisis del IPS, marcada por la falta de medicamentos, deudas con proveedores y pérdida de confianza, puede convertirse en una oportunidad para su transformación. Señala que, más allá de ajustes tradicionales, el camino pasa por ordenar las finanzas, mejorar la gestión y generar incentivos que permitan atraer nuevos aportantes, iniciando así un “círculo virtuoso” de crecimiento y mejor servicio. El análisis se comparte íntegramente a continuación.

María espera hace ocho meses un anticoagulante para el corazón que el Instituto de Previsión Social (IPS) no entrega. A su vez, compra el medicamento de su bolsillo en la farmacia: con un gasto de G. 2 millones, esto es casi un salario mínimo entero. Ella viene aportando religiosamente hace 15 años al sistema.

Su historia no es única, se repite en cada uno de los aportantes de IPS. Todo esto se suma a los datos obtenidos en marzo de 2026, según los cuales el IPS reconocía 154 medicamentos con stock cero, de los cuales 102 eran considerados vitales: Oncológicos, cardiovasculares, insulinas. Aquellos medicamentos que salvan vidas.

El Instituto de Previsión Social vuelve a estar en el centro del debate. La falta de medicamentos, las largas esperas y la pérdida de confianza no son nuevas. Lo que sí es distinto hoy es el contexto: el cambio reciente en la presidencia del instituto abre una ventana poco frecuente para replantear su rumbo.

La discusión suele enfocarse en déficits, edad jubilatoria o aumentos de aportes. Sin embargo, existe otra dimensión menos explorada y potencialmente más poderosa: la capacidad del IPS de crecer si logra mejorar su funcionamiento.

Emilio Rojas, presidente de Investor Fiduciaria.
Emilio Rojas, presidente de Investor Fiduciaria.

Un sistema grande, pero incompleto

Actualmente, el IPS cuenta con cerca de 800.000 aportantes activos, mientras que más de 1,5 millones de trabajadores permanecen en la informalidad. Es decir, el sistema cubre solo una parte del mercado laboral.

El problema no es únicamente la informalidad, es la falta de incentivos. Para muchos trabajadores, aportar al IPS no representa hoy una ventaja clara frente al costo. Y los datos recientes refuerzan esa percepción: cuando María o cualquier aportante ve que después de años de contribuir no puede acceder a un medicamento básico, la decisión de no aportar se vuelve, para muchos, una decisión racional.

El IPS enfrenta una dinámica conocida: Falta de recursos operativos, deterioro del servicio, pérdida de confianza, baja incorporación de nuevos aportantes

Este círculo vicioso limita la capacidad de crecimiento del sistema. Pero también existe el camino inverso.

Si el IPS lograra mejorar su servicio, podría atraer nuevos aportantes. Más aportantes generan más ingresos. Y esos ingresos permiten seguir mejorando el servicio. No es teoría: es dinámica económica básica. El punto es cómo iniciar ese cambio cuando el sistema ya está tensionado financieramente.

Cuello de botella financiero

Uno de los principales problemas del IPS no es solo cuánto recauda, sino cómo administra su flujo de caja.

El instituto arrastra deudas relevantes con proveedores, lo que genera efectos en cadena: Compra insumos con sobrecostos por pagos diferidos, reduce la competencia en licitaciones, termina pagando más caro por medicamentos y servicios

En términos simples: el IPS paga caro por no poder pagar a tiempo.

Financiamiento inteligente: Podría ser la llave para ordenar el sistema

Aquí aparece un elemento central que puede cambiar la dinámica: el uso de herramientas de financiamiento estructurado.La lógica es simple.

Si el IPS logra acceder a financiamiento de largo plazo, puede:

  • Cancelar su deuda actual con proveedores.
  • Eliminar sobrecostos financieros en compras.
  • Recuperar eficiencia en el gasto operativo.

Esto genera un efecto inmediato: el ahorro por pagar mejor puede financiar el costo de la deuda.

Es decir, no se trata de más gasto, sino de gastar mejor.

El rol del Estado: de deuda implícita a activo financiero

Un componente clave en este esquema es la deuda histórica del Estado con el IPS.

El Estado le debe al IPS US$ 641 millones desde 1944. Por ley, debía aportar el 1,5% de los salarios de todos los trabajadores formales. Nunca lo hizo, y esa deuda ha crecido año tras año.

Una alternativa para fortalecer a IPS sería reconocer formalmente esa deuda —transformándola en un bono soberano de largo plazo— permite al instituto usarla como garantía para emitir sus propios bonos corporativos y ordenar sus cuentas.

No cuesta plata nueva del Tesoro, solo voluntad política.

El Estado no paga todo de una vez, pero reconoce formalmente el pasivo y se compromete a pagarlo en cuotas anuales. Ese bono se convierte en un activo negociable que el IPS puede usar como colateral para acceder a financiamiento en mejores condiciones.

Menor costo, mayor eficiencia

Una vez ordenada la estructura financiera, los beneficios serán concretos:

  • Reducción de costos de medicamentos e insumos.
  • Mayor competencia en licitaciones.
  • Mejor planificación de compras.
  • Disponibilidad sostenida de stock.

El impacto no es marginal. En sistemas de salud, pequeñas mejoras en costos de adquisición generan grandes ahorros acumulados. Y esos ahorros pueden destinarse a lo que hoy falta: inversión.

Con una estructura financiera ordenada, el IPS puede redirigir recursos hacia: Equipamiento médico, infraestructura hospitalaria, expansión de clínicas periféricas, digitalización de servicios.

Esto no solo mejora la atención. Cambia la percepción del sistema.

El efecto sobre la formalización

Aquí es donde todo converge. Un IPS que funciona mejor deja de ser visto como un costo y empieza a ser percibido como un beneficio. En ese escenario, miles de trabajadores hoy informales podrían reconsiderar su decisión de permanecer fuera del sistema.

No hace falta una incorporación masiva para generar impacto. Con que una fracción de ese universo ingrese, el efecto sobre la recaudación sería significativo.

Y ese aumento de ingresos reforzará el ciclo: más aportantes, más recursos, mejor servicio, más aportantes

El cambio de presidente en el IPS no resuelve por sí solo los problemas estructurales. Pero sí crea una oportunidad política y técnica para implementar cambios que antes eran difíciles. El desafío no es solo administrar mejor. Es reconfigurar el sistema para que crezca.

Un cambio en el enfoque

Durante años, el debate sobre el IPS se centró en ajustes: subir aportes, cambiar reglas, recortar beneficios. Hoy existe otra posibilidad. No se trata únicamente de pedir más al aportante. Se trata de ofrecerle más valor.

El IPS tiene un problema serio, pero también una oportunidad única. Si logra ordenar su estructura financiera, reducir sus costos operativos, capturar nuevos aportantes, mejorar la calidad del servicio.

Puede transformar una crisis en un proceso de expansión. El verdadero potencial del sistema no está solo en sus actuales aportantes, sino en los cientos de miles que hoy están afuera.

María seguirá esperando su anticoagulante. O el IPS aprovechará este momento para que historias como la de ella dejen de repetirse. La pregunta ya no es si el IPS necesita cambiar. La pregunta es si aprovechará este momento para hacerlo.