La misma se refirió a la orquesta como un ejemplo de superación social y cultural en el artículo titulado “Los sonidos de la basura”.
Saiz hace una descripción de los instrumentos creados a través de materiales de desecho, cómo es Cateura y el desafío de los niños y jóvenes de superar su situación de pobreza a través de la dedicación en la música.
“Ludwig van Beethoven decía que la música es una arquitectura de sonidos. En el caso de la Orquesta de Instrumentos Reciclados de Paraguay, esos sonidos se construyen a partir de una amalgama de basura reciclada en instrumentos musicales. Un contenedor de gasolina sirve de base para un chelo; una lata de pintura ensamblada a una fuente para cocinar sopa paraguaya y a un tenedor de cuatro garfios para pasar las cuerdas, es un violín; las teclas de un saxofón están hechas a partir de guaraníes, la moneda de ese país”, manifestó la corresponsal.
“Con estos desechos, 18 de los 35 integrantes de esa formación musical asombraron este martes al público del prestigioso Kennedy Center de Washington, en el debut de la orquesta en la capital estadounidense. La agrupación está compuesta por jóvenes de Cateura, el mayor vertedero de Paraguay, quienes, gracias al tesón de su director, Favio Chávez, y a la ayuda del Banco Interamericano de Desarrollo, han dado un nuevo uso a la basura entre la que se han criado, abriéndose una puerta para escapar de un claro futuro de exclusión social”.
La cronista destaca que Favio Chávez “empleó la destreza de los habitantes de Cateura y su habilidad para ver en los desperdicios la potencialidad para construir un instrumento, para convertir a los gancheros en luthiers. El principal responsable de elaborar los chelos, los violines, las trompetas o las guitarras con las que tocan los chavales es Nicolás Gómez. ‘Él construye la estructura, los voluntarios que impartimos las clases de música nos reunimos con él y establecemos cómo debe ser la curvatura, dónde poner las cuerdas para que suenen, y luego los chicos los utilizan’, señala Chávez”.
También cuenta el caso de uno de los integrantes de la agrupación, Cristian Agüero. “Tiene 18 años y una mirada huidiza, pero llena de ilusión. Agüero acaba de empezar la carrera de Derecho, y esta es la primera vez que sale de su país. ‘Estoy estudiando con una beca gracias a la música’, cuenta mientras devora un bocadillo en el comedor de la sede del BID en Washington, donde acaba de ofrecer una actuación, previa a la estelar de la tarde en el Kennedy Center. ‘Sin este proyecto, eso hubiera sido imposible; gracias a la orquesta se me cumplió todo’, insiste. El joven destaca la importancia de la iniciativa liderada por Chávez para la comunidad de Cateura, donde él ha crecido. Agüero reparte el tiempo entre la guitarra –‘empecé con una reciclada’– y la trompeta, el instrumento por el que parece haberse decantado. ‘He tocado con una guitarra ordinaria y no hay tanta diferencia’, sonríe”.
Ya en la actuación de la orquesta en Madrid, en el 2011, El País había destacado el emprendimiento en Cateura.
