La épica de tornillo sigue tan campante

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La épica de tornillo ya va por su quinta entrega. “Transformers: El último caballero” prometía una historia interesante al involucrar al mundo de los Caballeros de la Mesa Redonda. Pero no es más que otra excusa para mostrar a Optimus Prime y sus discursos de latón, batallas apabullantes y situaciones sin ningún sentido.

En esta quinta entrega los humanos y los autobots están en guerra. El líder de los robots extraterrestres viajó hasta su planeta Cybertron, donde fue “embrujado” por una especie de bruja robot, que le convenció de que la Tierra tiene que ser destruida. Mientras tanto, un autobot ha aterrizado trayendo un amuleto que busca al último caballero. Y un lord inglés (Anthony Hopkins), después de cuatro películas ya realizadas, recién se le ocurre aparecer para contar que los Transformers han sido importantes en la historia de la humanidad desde los tiempos del Rey Arturo. Claro, nadie se ha dado cuenta.

Una vez más, el director Michael Bay nos entrega una kilométrica película, de trama complicada, cuya única justificación es mostrar cómo un montón de robots se hacen trizas, al igual que todo lo que les rodea. Un filme en el que todos hablan como adolescentes oligofrénicos, hasta unas señoras de 50 para arriba. En algún momento Bay dijo que hace filmes para adolescentes. Solo que no aclaró que el concepto que tiene de su público blanco es el peor posible.

Ni siquiera la presencia de Anthony Hopkins salva la película. Estamos seguros de que se habrá divertido mucho filmándola y se habrá ganado un buen cachet. Pero todo debe tener un límite. ¿O no?.