La segunda revolución musical

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El violinista y compositor Saúl Gaona hace un recuento de la actividad de la música sinfónica, luego de haber integrado la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción durante treinta años.

Considera que estamos viviendo los efectos de una segunda revolución musical en el país, con la gran cantidad de jóvenes músicos que existen.

Gaona tocó por primera vez con la OSCA en diciembre de 1985, gracias a las gestiones de su profesor de entonces, Miguel Ángel Echeverría, actual concertino de dicha orquesta. “La jubilación me llega con un panorama completamente distinto al que era cuando ingresé a la orquesta. En aquel entonces acababa de salir de un medio musical completamente distinto. Era integrante de Pro Rock Ensamble, grupo que en 1983 lanzó el disco “Música para los perros”, señaló.

Gaona ofreció su último concierto en el final de temporada del Ciclo de Abonos, el pasado jueves 3. “Dejo la orquesta con la satisfacción de haber integrado un grupo que reúne a la flor y nata de los músicos del Paraguay. Con sus 50 años de ventaja sobre las demás agrupaciones similares, la OSCA será siempre la pionera que marcó el hito y el rumbo a seguir. En un futuro inmediato me dedicaré enteramente a la composición y a la docencia en la Licenciatura en Música de la FADA/UNA donde actualmente llevo las cátedras de Acústica, Morfología Musical y Música Paraguaya”, manifiesta.

Saúl recuerda que hasta los primeros años de la década del 2000, la OSCA fue la única sinfónica del país, y que a partir de los años noventa empezó una segunda revolución musical en el ámbito académico (la primera se dio hacia 1900 con el Instituto Paraguayo y la posterior aparición de los primeros músicos-compositores importantes). “Como anécdota, recuerdo que en 1987 vino al Paraguay una Orquesta Sinfónica Juvenil de Long Island, Estados Unidos, para dar un concierto, y se solicitó que aquí también se forme otra similar para presentarla en dicho concierto. La única orquesta juvenil del Paraguay era la del Conservatorio Municipal de Asunción, que era básicamente una orquesta de cuerdas con unos 15 integrantes. En consecuencia, se solicitó la colaboración del grupo de vientos del colegio Salesianito y, conjuntamente, se pudo conformar algo parecido a una orquesta sinfónica juvenil. Actualmente, se estima que en el Paraguay están involucrados en el estudio de la música aproximadamente 12.000 jóvenes y se tienen varias orquestas en localidades del interior, a las que deben sumarse las numerosas agrupaciones de Asunción, que además cuenta ahora con cuatro orquestas sinfónicas profesionales. Este fenómeno se debe a situaciones coyunturales y, fundamentalmente, a personas emprendedoras y futuristas”, indicó Gaona.

La década del 90, menciona que fue de constante jerarquización de la OSCA, ayudada por “los nuevos aires democráticos, que posibilitaron el encauzamiento de la orquesta hacia sus genuinas funciones, que son los conciertos, de la mano de su director, Luis Szarán, y con la ayuda de la Sociedad Filarmónica de Asunción”.

El músico considera que también fue importante la presentación de Beatles Sinfónico en 1997, con sus arreglos sinfónicos, que llegó a un público que no asistía a los conciertos de la OSCA. La edición en CD de este concierto alcanzó la cifra de 100.000 unidades, cantidad récord para una edición en el Paraguay. Ese mismo año se creó el Sindicato de Músicos de la Sinfónica y Cámara (Simusica), gremio que posibilitó una mayor participación de los músicos en cuanto a criterios de planificación, dignificación profesional y beneficios económicos por producciones especiales.

“En el inicio del siglo XXI ya se sintieron los efectos de la segunda revolución musical. Aparecen otras orquestas sinfónicas, como la de la Universidad del Norte, la Orquesta Sinfónica Nacional y la Orquesta del Congreso, que se sumaron de manera importante al ambiente sinfónico de Asunción. Empieza a haber músicos académicos en cantidad y calidad. Cuando ingresé, recuerdo al director de entonces, Florentín Giménez, comentando que buscaba por Luque algunos violinistas de orquestas típicas para completar el cupo de la OSCA. O sea, había más cargos vacantes que músicos disponibles. Ahora, cuando se llama a audición, se presentan muchos postulantes con un alto nivel”, dijo.