Hace tiempo que no se sabía de los pasos de Isidro Sandoval, un jugador como pocos, de gran exuberancia y ductilidad para desempeñarse en la zaga central así como en la zona media. Integró grandes equipos en filas de Guaraní, Cerro Porteño, selección nacional, entre otros. Dimos con él y le preguntamos en cuanto a su vida actual.
“Yo estoy en Perú, trabajando con una Academia que es como una filial del club Sport Huancayo, de la ciudad del mismo nombre”, comentó Isidro. Trabajamos con Carlos Lugo, también exjugador paraguayo, con 85 alumnos desde los 5 años hasta 17.
Explicando cómo fue a parar a tierras incaicas, señaló: “Mi yerno, Carlos Neumann, juega en el Sport Huancayo y junto con mi hija crearon la Academia que funciona desde 2018. Tengo dos nietos de parte de mi hija y otros dos de parte de mi hijo. Cuando formaron la academia me trajeron para trabajar y ya llevo dos años en esta tarea”.
Isidro agregó: “Fui a Asunción en 2019 y luego volví al Perú para seguir trabajando. El club Huancayo brinda su apoyo a la Academia. Alquilamos un colegio, Don Bosco, que tiene cancha grande, cancha sintética y cuenta con todos los elementos necesarios para trabajar con alumnos”.
El mismo siguió hablando de su trabajo: “Sacamos jugadores jóvenes para ser promocionados en el club. Practicamos de lunes a viernes y los sábados competimos en un torneo donde participan 20 escuelas. Esos días estamos en la cancha desde las 6 de la mañana hasta las 4 de la tarde, es una locura con tantos chicos y hay que atenderlos. Globo terráqueoicha tuicha pe che akã upe rire” (Como globo terráqueo me queda la cabeza).
Consultado en cuanto al comportamiento de los padres de los alumnos durante esas actividades, respondió: “Acá los padres se mantienen callados, son muy respetuosos con nosotros y nos dejan trabajar tranquilos, diferente a lo que se da en Paraguay. Cuando llegué recién, nadie me conocía al principio, no sabían de mi trayectoria. Pero después se fueron enterando de mi recorrido en el fútbol y me respetaban más aún los padres de los alumnos. Nosotros contamos con todos los elementos, la escuela está bien organizada, trabajamos con 40 pelotas y no hay quejas de nuestro trabajo”.
Resumiendo en cuanto a su estancia en el Perú y el tema de la pandemia de coronavirus, Sandoval refirió: “Estoy trabajando tranquilo, sin problemas. Ahora está todo parado como en todas partes y la situación con esta enfermedad está muy jodida acá. Hay un muerto hasta ahora en Huancayo por coronavirus”.
Añadió: “Yo vivo a unas seis cuadras de la Academia y voy siempre caminando. Ahora llevamos parados dos semanas y estamos a la espera”.
Un largo recorrido
Isidro Sandoval nació en Lambaré el 15 de mayo de 1959. Está próximo a cumplir 61 años. Acerca de sus comienzos en el fútbol y su largo recorrido, indicó: “Yo comencé a jugar en el Sport Guaraní de la Liga Lambareña. Jugué en la selección lambareña entre el 77/79. Cuando se eliminó Lambaré en el Interligas me fui como refuerzo a la selección de Nueva Italia para las finales que se jugaban en Defensores. Ese año 79 me llevó Cerro Porteño, con 18 años. Fui directo a la primera de Cerro, que en ese momento le compró también a Roberto Cabañas”.
Siguió recordando: “El dinero no era tanto entonces. Jugué cuatro años en Cerro hasta el 83. De ahí pasé al Kelito, después a Guaraní en el 85 para la Copa Libertadores, que compró mi pase definitivo. Jugué ahí contra América y Millonarios de Colombia. Con Cerro también jugué Libertadores”.
Apuntó: “Al terminar la copa del 85, fui a España, al Elche, por un año. Al volver de ahí, integré la selección nacional para el Mundial de México 86. No jugué ningún partido en el mundial. Solo me quedé de suplente porque siempre jugaban, Rogelio Delgado y el finado, César Zabala, en la defensa. En las eliminatorias sí jugué mucho como mediocampista. Con Nunes y Gustavo Benítez y más adelante, Romerito”.
Agregó: “Haber sido parte de ese mundial es un orgullo para mí y para todos los que integraron ese plantel. En el mundial hicimos una buena campaña al pasar a cuartos de final. Nos eliminamos contra Inglaterra”.
En cuanto a lo económico, apuntó: “Hay mucha diferencia entre lo que ganábamos nosotros y lo que se gana ahora. Lo que nosotros hacíamos era más por el amor al país y a la camiseta. Ganábamos poco, 300.000 era nuestro sueldo. Después subió a 500.000 en el Mundial. Corríamos contra Argentina y Brasil, con un cien mil más de plus”.
Luego del mundial: “Volví a Guaraní. Ahí llegó el empresario, Jorge Ciarlone, quien me llevó al Deportivo Español de Argentina. Unos 22 días estuve ahí pero no querían pagar, por lo que volví a Paraguay y vino la gente de Vélez a hablar conmigo. Ellos habían vendido tres jugadores a Boca Juniors y estaban contratando. Estaban buscando un mediocampista más y un delantero. Les pregunté si conocían a Jorge Nunes y a Buenaventura Ferreira. Les presenté y ellos fueron también a Vélez por un año. Pertenecían al Deportivo Cali de Colombia y su cotización era alta. A mí me compraron definitivo y jugué cuatro años en Vélez”.
Siguió su recorrido: “En el 90 volví a Guaraní un año y el presidente de la Liga Paraguaya de Fútbol, Jesús Manuel Pallarés, compró mi pase y le dio a don Alfonso Colmán, como representante. El era presidente del Sport Colombia y fui a jugar dos temporadas en ese club, 91/92. Saturnino Arrúa, era el técnico en ese entonces”.
Continuó: “Después fui a Tacuary a jugar en el Ascenso, 93/94. Luego pasé a Cerro Corá, cuando Julio Trovato era presidente. De Cerro Corá fui otra vez a River Plate donde jugué cinco partidos y pasé a San Lorenzo, 96/97). Ese año bajó San Lorenzo de categoría. El finado Luis Ivaldi, fue como técnico al club Boquerón de Ciudad del Este y me llevó para el Torneo República. Ya tenía 38 años. Ya vine cansado de ahí y con 39 años fui a jugador de vuelta a San Pedro, con el hermano de Félix Fermín Marín, quien también era técnico en el club Primero de Marzo. Jugamos la final contra ellos y quedamos vice campeones”.
Agregó: “Después de eso ya colgué los botines a los 40 años. Todavía no estaba estudiando para dirigir pero comencé a trabajar con Adolfino Cañete, en el club Juventud de Loma Pytã. Adolfino gerenciaba ese club. Antes de eso me iba a Arroyos y Esteros, Emboscada, en varios lugares del interior me fui pero no querían pagar lo que uno pedía. En el 2010, fui a dirigir a la selección Sub 20 de San Juan Nepomuceno. Después de eso, me llamó el Nino Arrúa y fui a Choré”.
En ese orden prosiguió: “Me llamaba gente de algunas partes del interior para ir a trabajar. Pero no quieren pagar y son muy entremetidos los dirigentes del interior, se quieren meter en el trabajo del entrenador y eso a mí no me gusta. Seguimos hablando con Adolfino y fui a trabajar de nuevo al Juventud de Loma Pytã. Luego, con Luis Romero (otro exjugador), trabajamos en el complejo de Salvador Cabañas, en Villa Elisa, en la escuela de fútbol. Casi tres años trabajé con él”.
Consultado si mantiene contactos con gente de Paraguay, indicó: “Casi no tengo contacto con nadie. Antes de venir, trabajaba con Adolfino Cañete, con jugadores libres en el Botánico, para ayudarle preparando jugadores”.
En cuanto a las cosas que más le marcaron en su carrera, de partidos y técnicos, Isidro, manifestó: “Lo que más me quedó en la memoria fue el partido contra Brasil en el Maracaná por las Eliminatorias para México ‘86. Empatamos uno a uno, pero a los 43’ a punto de terminar, chuté por el travesaño y ese podía haber sido el dos a uno”.
Siguió recordando ese partido: “Los brasileros decían que nos iban a golear con el equipo que tenían. Yo jugaba en el mediocampo y enfrente teníamos a Toninho Cerezo, Falcao y Zico. En el primer tiempo, Gustavo Benítez, se encargaba de Zico, pero no le paraba mucho. En el segundo tiempo, Cayetano Ré, me pasó a la derecha y tuve que marcar a Zico. Prácticamente lo anulé y fui la figura de ese partido”.
Recordando a Cayetano expresó: “Él era muy exigente, pero una excelente persona y un gran técnico. No se quedaba ni un rato cuando dirigía y silbaba fuertísimo, se le escuchaba hasta en las gradas. Incluso en las concentraciones no se quedaba quieto. Tenía una radio en su oído, caminaba y hablaba solo. Los muchachos le miraban, upéa itarova, he’i” (este está loco, decían).
Añadió: “De balde querías mentirle a Cayetano, porque enseguida te pillaba. Algunos venían diciendo que le dolía tal cosa. Él les decía, bueno venga, miraba, les hacía moverse y ya sabía que no era nada. Y le decía al jugador, vos me querés engañar porque no querés trabajar. Cuando yo tenía dos años, chupaba todavía mi dedo. Ahora que soy viejo, ya no me chupo más”.
Siguió diciendo: “Tuve muchos técnicos, pero los que me marcaron más fueron Cayetano Ré y Sergio Rojas. Este sí era argelino. Te retaba y era muy estricto, pero un gran técnico. Lo tuve en River y en Guaraní”. Finalmente, señaló: “En la selección, Ramón Hicks era como un hermano para mí. Siempre estuvo conmigo y nos llevábamos muy bien. Nos respetábamos mucho entre todos. En las eliminatorias, dejábamos a nuestras familias mucho tiempo con las concentraciones en San Bernardino. Y contar con un amigo como Ramón era muy importante. Seguiré en Perú, esperando que pase esta situación y en diciembre veremos qué sucede”.
