El lunes último, del mismo material publicamos el siguiente párrafo: “La ‘energía no garantizada’, superior a 75.000 GWh/año, se repartirá en partes iguales entre ambos países, cada ejercicio. Si en un ejercicio una de las Altas Partes Contratantes llevara más “energía no garantizada”, por el motivo que fuera, se habilitará una cuenta corriente en la cual se le reconocerá a la otra Alta Parte Contratante el saldo de la “energía no garantizada” que no ha llevado, hasta completar el 50% del total del ejercicio fenecido. Tal cantidad de “energía no garantizada” no consumida por una Alta Parte Contratante podrá ser adquirida por esta en los siguientes ejercicios. Por la “energía no garantizada” se pagará, en todos los casos, tan solo royalties y resarcimiento”.
Un protagonista del sector, inclusive de los años más duros de la Itaipú, al leer el último punto concluía: “Todo indica que es una propuesta presentada por nuestro país, habilitar una cuenta corriente para la energía excedente” y, lo más aleccionador, “esto ya lo presentamos en el año 1991, copiando lo que habíamos hecho con la energía de pruebas, que debido a la asimetría de los sistemas, Brasil se llevaba mucho más. No aceptaron y se acordó el criterio de la proporcionalidad”.