La lección más importante

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Este es el segundo Día del Maestro en pandemia y toma a la comunidad educativa con mucha más desazón y desesperanza que hace un año, cuando no nos imaginábamos aún que los meses pasarían solo para ir de mal en peor: con más contagios, más muertes, más restricciones de toda índole, y menos medicamentos y casi nada de vacunas. Y con una educación totalmente fallida. Mientras no haya vacunas para todos no hay posibilidad de volver a la normalidad. Y en este panorama de incertidumbre, el rol de los maestros como líderes comunitarios es fundamental, ya que desde su lugar y gracias a la autoridad e influencia que tienen sobre sus alumnos y las familias de estos, la lección que decidan transmitir es clave. En ese tren deben exigir y presionar para que las aulas sean espacios de aprendizaje seguros, sin contagios, donde se cumplan las medidas protocolares sanitarias. Emprender esa pelea en defensa de la educación y de los alumnos es probablemente la lección más importante que hoy puedan dar los educadores.

Este es el segundo Día del Maestro en pandemia y toma a la comunidad educativa con mucha más desazón y desesperanza que hace un año, cuando no nos imaginábamos aún que los meses pasarían solo para ir de mal en peor: con más contagios, más muertes, más restricciones de toda índole, y menos medicamentos y casi nada de vacunas. Y con una educación totalmente fallida.

Aunque en algunos países y determinadas ciudades, como el avanzado Israel con su vacunación universal, ya comienzan a sacarse las mascarillas y retornan a la “normalidad”, aquí el panorama es muy distinto. Mientras no haya vacunas para todos, no hay posibilidad de que esto ocurra. Y en este panorama de incertidumbre, el rol de los maestros como líderes comunitarios es fundamental, ya que desde su lugar y gracias a la autoridad e influencia que tienen sobre sus alumnos y las familias de estos, la lección que decidan transmitir es clave.

Es sumamente importante que desde las escuelas se difundan conceptos científicos y que, en lugar de infundir terror y mensajes dudosos o desesperanzadores, se refuerce la idea de que podremos salir adelante, apoyados en la ciencia y los protocolos sanitarios. La lección más importante que hoy pueden enseñar los alrededor de 80.000 educadores paraguayos es la resiliencia y el cuidado y el enfoque de derechos, para que los niños y jóvenes se sumen a la ola de reclamos de una vacunación urgente.

Ayer terminó la vigencia de las clases virtuales, a distancia, en las instituciones educativas del sector público. Hoy es un día de asueto en escuelas y colegios, y este fin de semana los comités de riesgo de cada institución deben decidir qué hacer: volver a las aulas para desarrollar clases presenciales o seguir en la modalidad a distancia o tal vez optar por actividades híbridas, que combinen ambas modalidades. La pelota está ahora en la cancha de cada comunidad educativa, y –salvo nuevo aviso– ellas tomarán la decisión.

Vemos con preocupación que algunos referentes del magisterio han adoptado una postura extrema, que ven como única manera de enfrentar la expansión de la pandemia el no dar clases presenciales. Y no desarrollar actividades presenciales en ciertas escuelas y colegios públicos significa directamente cortar los procesos, ya que se sabe que ni los docentes ni los alumnos cuentan con las herramientas tecnológicas suficientes para que las clases sean efectivas. Esto lo han reconocido tanto los educadores como los alumnos, que se sienten huérfanos y totalmente desprotegidos y librados a su suerte. El 2020 para muchos fue directamente un año perdido desde el punto de vista educativo, en el que niños y jóvenes no aprendieron nada, a pesar de que la mayoría fue promovida al grado o curso superior y finalizaron ciclos. Fue una farsa, ante la cual la sociedad en conjunto, salvo algunas voces aisladas, prefirió mirar hacia el costado, porque el problema era de muy difícil solución.

Pero no podemos seguir así. Este año no se puede repetir el simulacro de educación y seguir entregando diplomas y libretas sin que haya un respaldo. Y por eso los educadores deben hacerse cargo y no eludir la responsabilidad que les corresponde en esta cuestión. En ese tren deben exigir y presionar para que las aulas sean espacios de aprendizaje seguros, sin contagios, donde se cumplan las medidas protocolares sanitarias.

En un mundo ideal esto debería estar garantizado, simplemente porque corresponde. Pero este no es un mundo ideal, y bien sabido es que nada que valga la pena se obtiene sin esfuerzo, y los derechos no se regalan. Hay que pelear por ellos. Emprender esa pelea en defensa de la educación y de los alumnos es probablemente la lección más importante que hoy puedan dar los educadores.