Se debe buscar una solución definitiva para las históricas plazas

Las plazas de la Constitución, Juan de Salazar y la de Armas de nuestra Asunción son el lugar donde se forjó la nación paraguaya, en ese entorno se establecieron los fundadores españoles de la ciudad y allí se unieron a los carios que vivían en la zona; fue el asiento del primer gobierno elegido por el pueblo en el continente con la Real Cédula del 12 de septiembre de 1537. Son estas plazas una parte indispensable de la memoria histórica del pueblo paraguayo, de su identidad nacional, de su sentido comunitario. Desde los cónsules Fulgencio Yegros y José Gaspar Rodríguez de Francia, hasta Mario Abdo Benítez, todos los presidentes de nuestra República desfilaron por ellas. Es un espacio de protestas, manifestaciones y reclamos, justos o bien discutibles, pero tribuna libre al fin en el Centro Histórico de la Madre de Ciudades.

Las plazas de la Constitución, Juan de Salazar y la de Armas de nuestra Asunción son el lugar donde se forjó la nación paraguaya, en ese entorno se establecieron los fundadores españoles de la ciudad y allí se unieron a los carios que vivían en la zona; fue el asiento del primer gobierno elegido por el pueblo en el continente con la Real Cédula del 12 de septiembre de 1537. Es el lugar donde ocurrió el primer grito de libertad en América, el 25 de abril de 1544; allí se construyeron los edificios que materializaron nuestra existencia comunitaria, el Cabildo, la Catedral, la desgraciadamente demolida Casa de los Gobernadores. Es el sitio en el que Vicente Ignacio Iturbe logró la rendición del poder español con la intimación a Bernardo de Velasco y donde los padres de la Patria fundaron nuestra República. Y también es el lugar que, desde entonces, sirve para todos nuestros fastos republicanos y en el que tiene sede la representación del pueblo paraguayo.

Son estas plazas una parte indispensable de la memoria histórica del pueblo paraguayo, de su identidad nacional, de su sentido comunitario. Desde los cónsules Fulgencio Yegros y José Gaspar Rodríguez de Francia, hasta Mario Abdo Benítez, todos los presidentes de nuestra República desfilaron por ellas, simbolizando la continuidad de nuestra nación.

Estas plazas también son el lugar desde donde el pueblo paraguayo hace escuchar su voz de protesta contra las injusticias y los abusos de poder, contra la corrupción y la impunidad. Es un espacio de protestas, manifestaciones y reclamos, justos o bien, discutibles, pero tribuna libre al fin en el Centro Histórico de la Madre de Ciudades.

Sin embargo, ha sido objeto de sistemática privación de disfrute para la ciudadanía y de destrucción también por parte de grupos que solo defienden sus intereses particulares. En ese sentido, la destrucción del espacio verde por parte de la clientela política de la seccional 14 de la Asociación Nacional Republicana (ANR), que las ocupa, degrada y destruye de manera recurrente, es inaceptable, bochornosa y hasta delincuencial. Podría constituir una prueba de la sumisión de la Policía Nacional, la Fiscalía, la Secretaría Nacional de Cultura y la Municipalidad de Asunción a los dictados de un sector partidario y la aplicación de las normas en forma selectiva, un vicio arrastrado desde los años de dictadura.

La Ley 6284 de 2019, que las declara Patrimonio Histórico Nacional “incluyendo los monumentos históricos conmemorativos erigidos en esas áreas”, ya se había elaborado debido al asalto continuo a las plazas con excusas que van desde las inundaciones periódicas del río Paraguay hasta las sequías que afectan a nuestra región, pasando por los más creativos disparates que puedan imaginarse. Es innegable que el drama social existe y no se puede esconder, pero las autoridades ni se inmutan por buscar una salida que preserve el sitio histórico mediante programas o proyectos más sostenibles que acaben con la clientela política acostumbrada a las prebendas, sobre todo en vísperas de elecciones. Surgen promesas de mágicas soluciones que se olvidan al día siguiente de los comicios.

El artículo 2 de la ley más arriba citada otorga a la Secretaría Nacional de Cultura la obligación de coordinar “los planes, programas, proyectos, y preverá los rubros presupuestarios necesarios para el mantenimiento correspondiente, y en conjunto con la Policía Nacional velarán por la protección y defensa de dicho patrimonio”.

Es obvio que ni la Secretaría de Cultura ni la Policía Nacional cumplieron con esa obligación legal que tienen, cosa que está a la vista de cualquiera que tenga la desdichada experiencia de pasar por allí cualquier día y a cualquier hora.

Ningún comandante de la Policía y ningún ministro de Cultura fue destituido, como corresponde en derecho, por incumplir de modo tan flagrante con sus deberes reglados, lo que confirma la impunidad con la que cuenta la seccional 14. Tampoco ningún fiscal procesó a los responsables de la “privatización y loteamiento fácticos” de las plazas, lo que certifica la protección política con que cuentan ciertos sectores. Tampoco la Municipalidad ha hecho mucho, más que producir inanes lamentos retóricos, quizás solo para el disimulo, porque a dicha unidad de base del Partido Colorado le ha de causar risa, más que inquietud de buscar una solución.

La ocupación y destrucción de estas plazas implica la comisión de al menos tres hechos punibles tipificados y castigados por el Código Penal (artículo 142, invasión de inmueble ajeno; artículo 158, daño a cosas de interés común y artículo 173, sustracción de energía eléctrica), que los fiscales están obligados a procesar, aunque en vano pues si la ANR lo ordena, los fiscales incumplen con sus obligaciones legales.

A todo lo anterior debe agregarse la Secretaría de Emergencia Nacional, cuyos titulares son cómplices activos de la destrucción de las plazas al proporcionar a sus destructores los elementos materiales que necesitan para arruinarlas y las excusas que requieren para justificar su permanencia en el lugar.

El destrozo de las plazas de la Constitución, Juan de Salazar y la de Armas de nuestra Asunción simboliza el estado en que se encuentra nuestro Paraguay, totalmente a merced de inescrupulosos que no tienen principios, que no tienen moral, que no tienen decencia y que solamente buscan medrar a costa del pueblo paraguayo.

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