No usar la Costanera como pollada para pagar sueldos

El intendente de Asunción, Óscar “Nenecho” Rodríguez, ahora nos viene con la idea de subastar parte de la Costanera de Asunción, a más del nuevo “bicicleteo” de la deuda que se perfila con una emisión de bonos. Y aquí surge un hecho que debe despertar las alertas de los asuncenos: el hecho de que la subasta y el nuevo “bicicleteo” estén incluidos en el mismo proyecto revela que lo ingresado por la venta de los inmuebles servirá, efectivamente, para el pago de salarios y remuneraciones adicionales, factor principal de la grave crisis financiera de la Comuna. No se puede usar la Costanera como pollada para pagar sueldos.

El proyecto de ordenanza para subastar terrenos municipales de Asunción –aledaños a la avenida Costanera– está generando la justificada inquietud de los vecinos, así como de algunos concejales y diputados, dados los pésimos antecedentes de la administración comunal en materia de gastos. El director financiero, Edwin López, afirmó que ninguno de los anteriores intendentes “se sentó a pensar cómo recaudar más y la canilla se rompió ahora”. Es saludable que haya tenido la franqueza de confesar la bancarrota, pero la causa apuntada no es la única: bien sabrá que la rotura es atribuible no solo a la evasión impositiva, sino también a la corruptela y al exceso de personal. Por más resistente que sea, no hay canilla que resista si la clientela, que crece aceleradamente, ya se acerca a 9.000 personas en la Municipalidad capitalina.

Y bien, para mantener a tan monstruosa cantidad de “trabajadores” –afirmamos que es para eso porque Asunción está cada vez más abandonada y sucia–, la Intendencia recurre a préstamos bancarios y emisión de bonos. Precisamente ahora, quiere emitir bonos por 550.000 millones de guaraníes, de los cuales 195.000 millones serían destinados al pago de débitos que vencerán el próximo año, siendo así evidente que tampoco Óscar “Nenecho” Rodríguez (ANR) se sentó a pensar cómo salir del endeudamiento continuo para saldar deudas. Por supuesto, no se habrá ocurrido en absoluto achicar el aparato burocrático municipal, al menos los que fueron incorporados bajo su administración, entre los cuales figuran varios amigos, como se viene publicando.

Ahora nos viene con la idea de subastar parte de la Costanera de Asunción, a más del nuevo “bicicleteo” de la deuda que se perfila con los bonos. Y aquí surge un hecho que debe despertar todas las alertas de los asuncenos: el hecho de que la subasta y el nuevo “bicicleteo” estén incluidos en el mismo proyecto revela que lo ingresado por la venta de los inmuebles servirá, efectivamente, para el pago de salarios y remuneraciones adicionales, factor principal de la grave crisis financiera de la Comuna. Debe recordarse que el Plan Maestro de la Franja Costera contempla la venta de inmuebles, pero establece claramente que debe ser para que lo recaudado se invierta en proyectos tales como la recuperación de cauces hídricos y la preservación del Banco San Miguel. Dista mucho esto del evidente propósito de pagar deudas y mantener contenta a la voluminosa clientela. Más aún, estamos en una época de una aguda necesidad de grandes fondos para campañas electorales, de funcionarios que aspiran a cargos electivos más elevados, para ellos y sus familiares.

Según se desprende del proyecto de subasta, los fondos resultantes serían destinados en un 50% a gastos de capital y en un 15% a la financiación de planes sociales para mejorar la calidad de vida de grupos vulnerables (un objetivo genérico que se presta a todo). El porcentaje restante “podrá ser destinado al financiamiento de gastos corrientes de las actividades y proyectos de las áreas operativas y/o misionales del programa central del presupuesto municipal”. Por supuesto, con estas propuestas tan aéreas, se ignora en qué se invertiría la mitad de lo recaudado: ¿en obras de infraestructura, en la limpieza de plazas, en la recolección de basuras, en la pavimentación de calles...? Tampoco se sabe cómo serían identificados los “grupos vulnerables” ni qué se haría en concreto para su bienestar. En cuanto al 35% de lo ingresado, que “podrá” servir para cubrir los gastos corrientes, también se trata de una autorización discrecional, apenas disimulada, para alimentar a la amplia y voraz clientela, instalada a lo largo de los años, con el apoyo de los ediles.

Con toda evidencia, la Municipalidad no cuenta con un detallado plan de desarrollo que reemplace el plan maestro aún vigente, de modo que cabe coincidir con el exconcejal Federico Franco cuando dice que “si se venden tierras sin un adecuado criterio de inversión, obviamente, esos recursos van a ir a sostener el aparato municipal”.

En estas condiciones, mientras no se tenga un proyecto de inversión que apunte clara y detalladamente al bienestar de los asuncenos, se impone que los concejales se convenzan de que no se puede usar la Costanera como una pollada para pagar sueldos y obren como es debido, aunque sea por una vez, rechazando esta disparatada iniciativa, que solo responde a que el intendente busca más dinero para atender las necesidades de los adulones, ineptos y haraganes que pululan en el Palacete Municipal.

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