“Abrazo republicano”, mientras se acuchillan por la espalda

El 18 de noviembre, el presidente Mario Abdo Benítez sostuvo que Antonio Fretes debería renunciar a su condición de ministro de la CSJ. El aludido se limitó a apartarse de la presidencia de dicho órgano, pero sigue como integrante del mismo. El 23 de noviembre, el pedido de juicio político no obtuvo la mayoría necesaria de dos tercios en la Cámara Baja. Cuando las papas queman para el partido o para algún hombre fuerte colorado, las querellas intestinas se suspenden, para luego reanudarse con mayor o menor encono. Para eso están las operaciones “Cicatriz” o el “Abrazo republicano”, aunque la República ruede cuesta abajo.

El 18 de noviembre, el presidente de la República, Mario Abdo Benítez, sostuvo que Antonio Fretes debería renunciar a su condición de ministro de la Corte Suprema de Justicia. El aludido se limitó a apartarse de la presidencia de dicho órgano, “por tiempo indefinido”, pero sigue como integrante del mismo. El 23 de noviembre, el pedido de que sea sometido a juicio político no obtuvo la mayoría necesaria de dos tercios en la Cámara Baja: los 27 diputados colorados presentes, tanto abdistas como cartistas, votaron en contra, con lo cual se repitió la historia del 18 de marzo de 2021, cuando los 36 diputados de la ANR presentes impidieron que Marito y el vicepresidente de la República, Hugo Velázquez, fueran enjuiciados, por mal desempeño de sus funciones ante la pandemia. El miércoles ocurrió una vez más, que cuando las papas queman para el partido de Gobierno o para algún hombre fuerte colorado, las querellas intestinas se suspenden por algún momento, para luego reanudarse con mayor o menor encono. Para eso están las operaciones “Cicatriz” o el “Abrazo republicano”, aunque la República ruede cuesta abajo.

No por casualidad, tres días antes del salvataje al ministro Fretes, el Jefe de Estado dijo justamente que esperaba el proverbial “Abrazo republicano”, porque los intereses de la ANR serían superiores a los de cualquier candidato. Agregó, sin embargo, que no abrazaría a Horacio Cartes, anuncio este que bien cabe poner en duda: lo abrazó más de una vez después de haberlo acusado, en la campaña electoral interna de 2017, de ser “el mayor contrabandista del país”. En realidad, como bien dijo el abdista Nicanor Duarte Frutos, se trata de un mero gesto simbólico que bien puede omitirse: “el coloradismo está por encima de esos elementos protocolares; nosotros vamos a trabajar por el partido en todo el país”. Resulta que los dirigentes colorados pueden agraviarse de la peor manera, pero tienen una gran capacidad de olvido, de perdón o de cinismo, en aras del objetivo supremo de conservar el poder.

Hoy intercambian puñaladas traperas y mañana se reconcilian como si nada hubiera ocurrido. Se tratan de la peor manera, confiando en que la gente les tome en serio: lo consiguen en gran medida, hasta el punto de que uno de los sectores en pugna llegue a ganar las simpatías de una parte de la opinión pública. De hecho, así la ANR termina actuando tanto en el Gobierno como en la oposición, de modo que para muchos ciudadanos la alternativa se plantea dentro de las carpas coloradas. En otras palabras, el partido se halla a la vez en la procesión y en el campanario, sin cargar con la menor responsabilidad política por su desgobierno. En verdad, nunca la asumió por la dictadura de casi 35 años, escudándose con que entre sus víctimas también hubo demócratas colorados.

Si, como es previsible, se hicieran las paces antes de las elecciones generales de 2023 y la ANR volviera a triunfar, el internismo se reanudaría a más tardar el 16 de agosto de ese año; se reiniciarían entonces las muy severas acusaciones mutuas para que los contrincantes acaben dominando el escenario político, hasta los siguientes comicios, en los que de nuevo se presentarán unidos. Y así, hasta que el electorado deje de engañarse con el teatro protagonizado por dirigentes que se arrojan a la cara imputaciones gravísimas, muy probablemente ciertas, que deberían tener consecuencias penales para ellos y políticas para su partido. Pero como los políticos manejan la Justicia, todo queda en agua de borrajas.

Puede que los intereses de la ANR tengan que prevalecer sobre los de un candidato, pero no así sobre los de un país que necesita ser gobernado con la autoridad moral de la que carecen quienes no dan el menor valor a sus palabras, ni tienen la dignidad de defender su “honor” en sede judicial. A estas alturas, ya no deberían tener la menor credibilidad. Para condenar al partido oficialista bastaría con recopilar las declaraciones hechas por sus capitostes en los últimos cuatro años contra sus adversarios del abdismo o el cartismo. Sus palabras dicen mucho acerca de la deshonestidad impune en la vida pública y en la privada, así como de la desvergüenza de quienes se reconciliarían para mantenerse en el poder que tan mal ejercen. Por eso, los Antonio Fretes continuarán reinando sin ser molestados en las altas esferas del poder.

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