El 19 de mayo, el presidente electo Santiago Peña (ANR) pidió al diputado y senador electo Erico Galeano (ANR), imputado ese día por lavado de dinero y asociación criminal, que “se ponga a disposición del Ministerio Público y las autoridades judiciales, a fin de deslindar su responsabilidad de los hechos que le atribuyen”. Seguramente, no quería comenzar su gestión gubernativa acompañado en la legislatura de correligionarios de su partido en general, y de su movimiento en particular, tan gravemente sospechados de hechos punibles y que, además, es reacio a presentarse ante la Justicia a clarificar su conducta, por alguna razón.
Totalmente de contramano, contra todo lo esperado, el actual diputado Erico Galeano lleva haciendo exactamente todo lo contrario a lo que le fuera solicitado públicamente por Santiago Peña. Por algún motivo, 96 horas después del comunicado del presidente electo, el sospechado por el Ministerio Público de dar apoyo a una organización criminal convocó a una conferencia de prensa donde hizo ostentación de ignorancia jurídica y prepotencia, amenazó a los fiscales, explicó sin éxito que él ignoraba quién andaba volando en su aeroplano y hasta le dio un ataque de amnesia selectiva porque olvidó, convenientemente, a quién vendió su avión por unos 1.000 millones de guaraníes.
En esa improvisada conferencia de prensa desplegada en uno de sus extraordinarios inmuebles, Erico Galeano sostuvo que era inimputable por tener fueros, que tenía nada menos que doble inmunidad y que no iba a renunciar a ella; que solo renunciaría si se pidiera su desafuero en el Senado, el cual integraría desde el 30 de junio. Unos minutos después de tan exultante diatriba se lo vio en la Cámara de Diputados, agazapado tras la figura de Pedro Alliana, electo vicepresidente, quien anunció brevemente que apoyarían el despojo de los fueros para después salir conveniente y raudamente. Es que de acuerdo a los documentos obrantes, el vicepresidente electo Alliana conoce demasiado bien no solo al comprador del avión de Erico Galeano –Guillermo del Puerto–, sino además él mismo ha estado volando en el susodicho avión junto a otros funcionarios del Grupo Cartes.
Alguna carta desconocida, un As, tiene en sus manos Erico Galeano para desafiar la autoridad del presidente electo Santiago Peña. Es difícil imaginar qué cosas le están dando un poder tan real, fáctico y desafiante al futuro primer mandatario porque las sospechas son varias. Ignoramos si esas cartas que tiene bajo la manga tienen algo que ver con los negocios tabacaleros que ha tenido con Horacio Cartes. O si están relacionadas con los traspasos de multimillonarias cifras de dinero entre ambos. O si están vinculados al famoso avión al cual muchos han subido, incluyendo el vicepresidente electo Pedro Alliana. O peor, si sabe algo del entorno donde se mueve con total comodidad desde hace décadas como proveedor, intermediario y vendedor de cigarrillos.
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El 24 de mayo, la Cámara Baja le ha privado de sus fueros por unanimidad a Erico Galeano, tras lo cual, el muy caradura ya ha planteado varias chicanas judiciales, bien reveladoras de lo que parece su mala fe procesal: un recurso de reposición con apelación subsidiaria contra la admisión de la imputación, una excepción de falta de acción y otra de falta de jurisdicción, y un insólito recurso de apelación con apelación en subsidio contra la providencia que fijó la audiencia de reposición. Como esta última artimaña fue rechazada por el juez Penal de Garantías Gustavo Amarilla, el asunto pasa a una Cámara de Apelaciones, que resolverá si la primera será tratada en forma oral o escrita.
Es previsible que el indiciado en el marco del Operativo A Ultranza PY siga abusando del derecho a la defensa, así que vale recordar que el Código Procesal Penal castiga la mala fe o la temeridad en un pleito con cien días multa en casos graves o reiterados y en los demás con hasta cincuenta días multa o apercibimiento. Más allá de las inconductas procesales que apuntan a lograr en última instancia la prescripción de la causa, tan habituales en los politicastros implicados en algún hecho punible, importa señalar que ellas también suponen, en este caso, un frontal desafío al liderazgo de Santiago Peña y, por extensión, al de su mentor Horacio Cartes, presidente de la ANR. En otros términos, a Erico Galeano le importa un bledo el pedido hecho personalmente por el primero y transmitido a la opinión pública un par de horas después de que se conociera la determinación del Ministerio Público.
En palabras más sencillas, podríamos decir que está por verse cuáles cartas tiene en la mano Erico Galeano y qué pesará más en los próximos días. Si serán sus “negocios” con el poder fáctico o el deseo hecho público –y la autoridad real– del flamante presidente electo Santiago Peña, alguien que ha prometido a todo el Paraguay que vamos a estar mejor.