En un intento por defender a su vástago y ante las evidencias publicadas que mostraban al joven registrar su marcación dos horas después del horario de ingreso, acumular ausencias masivas y retirarse en horas de trabajo para ir al gimnasio, la senadora Aquino sostuvo que su hijo fue contratado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Sin embargo, documentos públicos obtenidos demostraron que fue contratado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) y su ingreso a dicha institución se dio de manera llamativamente rápida y con sospechas de un concurso amañado.
Esto último debido a que, según fuente de información pública, los términos y condiciones para el cargo requerían preferentemente ser estudiante de carreras como comunicación audiovisual, periodismo, relaciones públicas o marketing. Sin embargo, pese a que Paolo Divitto Aquino se presentó como estudiante de psicología, logró imponerse a otro concursante que aparentemente sí reunía todos los requisitos. Esto solo nos rememora la famosa frase del presidente Santiago Peña que con mucho orgullo recordaba a los jóvenes paraguayos que no llegarían a ocupar cargos por “guapitos”, ni por méritos y certificados de estudios, sino por agitar el pañuelo colorado y lógicamente, puede suponerse, ser “amigo de los amigos”.
Pero el caso de Divitto no se enmarca solo en un hecho de posible cobro indebido de honorarios, que indudablemente debe ser investigado por el adormecido Ministerio Público, sino que se debe analizar también la conducta de la madre parlamentaria respecto del presunto uso indebido de influencias para favorecer a su hijo, lo cual, según el artículo 201 de la Constitución Nacional, es causal de pérdida de investidura, como lo hizo, sin méritos como en este caso, la aplanadora cartista con la exsenadora Kattya González (ex-PEN), a quien precisamente expulsaron de su banca legislativa bajo la acusación de uso indebido de influencias en su calidad de miembro de un poder del Estado. ¿Se animarán tan “valientes” legisladores a utilizar la misma vara con Norma Aquino, alias Yamy Nal? ¿O las sanciones legislativas se aplican como menú a la carta según la cara del cliente? Para más, ahora se sabe que poco después de que la polémica legisladora asumiera su cargo, su hija Ivanna María Yamila González Aquino ya estuvo acomodada en Itaipú, con un salario cercano a los 4 millones de guaraníes.
Pero como bien dice la famosa frase: “el tango de la corrupción se baila de a dos”, no podemos dejar de lado las responsabilidades que pudieran derivarse del proceso selectivo del INE, institución dirigida por Iván Ojeda quien, luego de todo el escándalo generado a raíz de la sospechosa contratación del “nepobaby” de Yamy Nal, solo atinó a decir que se abrirá una investigación del caso, afirmando que “no está para encubrir, apañar o proteger a ninguna persona”.
“Las responsabilidades son personales; sí nos interesa que esta situación se aclare y que no quede ninguna duda de todos los procedimientos, tenemos el compromiso y la obligación de velar por la transparencia e integridad en todo momento”, argumentó el mismo funcionario. Sin embargo, estas son tan solo palabras muertas, ya que Giovanni Paolo Divitto –hoy renunciante– fue llamativamente contratado desde noviembre de 2023, y de no ser por el trabajo investigativo de la prensa, seguiría cobrando dinero del pueblo paraguayo para asistir cómodamente a su lugar de trabajo los días que quería y en el horario que podía, o simplemente retirarse para cumplir con su rutina personal, bajo la complacencia del director nacional del INE, quien ante todas estas irregularidades no fue capaz de abrir un sumario administrativo. Entonces, ¿de qué transparencia e integridad nos habla Ojeda? El comportamiento complaciente del director más bien nos demuestra el encubrimiento, apañamiento y protección que dice no defender.
Mientras tanto, miles de jóvenes paraguayos se encuentran desplazados de oportunidades laborales, unas veces por “guapitos”, otras veces por brillar por encima de los afortunados “nepobabies” y otras veces por mantener la dignidad y no atarse el pañuelo al cuello para besar el anillo del poder. Estos jóvenes, desplazados por los tantos Divittos que tenemos en Paraguay, deben saber que mientras sigamos tolerando estos vergonzosos actos de nepotismo y clientelismo político, el tango de la corrupción seguirá sonando, y el país seguirá siendo gobernado por mediocres y no por “guapitos”. Es hora de cambiar de casete.