Las “muertes evitables” en el IPS deben tener responsables

Una foto reciente, que muestra a un hombre y a una mujer durmiendo en el piso del Hospital Central del Instituto de Previsión Social (IPS), hasta que les llegue el turno de ser atendidos, ilustra el trato humillante que sufren los asegurados, porque “no hay turno, no hay disponibilidad, no hay médicos”, según les dicen. Entre otras carencias, también faltan medicamentos, camas de terapia intensiva y equipos que funcionen, sin que se inmuten el presidente de la entidad Jorge Brítez ni los miembros del Consejo de Administración. Estos señores -muy bien remunerados- no dan la cara, como si no tuvieran que dar explicaciones por las “muertes evitables” ni por los desembolsos adicionales que las víctimas del maltrato deben realizar para suplir las terribles carencias del IPS. Se diría que les resulta indiferente el drama cotidiano de los asegurados, quizá porque ninguno de ellos ni sus familiares se ven forzados a recurrir a los servicios de la entidad que tan mal administran.

Una foto reciente, que muestra a un hombre y a una mujer durmiendo en el piso del Hospital Central del Instituto de Previsión Social (IPS), hasta que les llegue el turno de ser atendidos, ilustra el trato humillante que sufren los asegurados, porque “no hay turno, no hay disponibilidad, no hay médicos”, según les dicen. Entre otras carencias, también faltan medicamentos, camas de terapia intensiva y equipos que funcionen, sin que se inmuten el presidente de la entidad, Jorge Brítez, ni los miembros del Consejo de Administración Gustavo González Maffiodo (representante del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social), Carlos Pereira Olmedo (representante del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social), José Argaña Contreras (representante de los empleadores), Víctor Insfrán Dietrich (representante de los trabajadores) y José Jara Rojas (representante de los jubilados y pensionados).

Estos señores –muy bien remunerados– no dan la cara, como si no tuvieran que dar explicaciones por las “muertes evitables” ni por los desembolsos adicionales que las víctimas del maltrato deben realizar para suplir las terribles carencias del IPS. Se diría que les resulta indiferente el drama cotidiano de los asegurados, quizá porque ninguno de ellos ni sus familiares se ven forzados a recurrir a los servicios de la entidad que tan mal administran. Llama la atención, sobre todo, que las organizaciones de los empleadores, de los trabajadores y de los jubilados y pensionados no alcen la voz ante el evidente desastre. Aunque el sector patronal no lo sufra en carne propia, debería interesarle que su aporte sea bien invertido, en vez de malgastarse o de terminar en los bolsillos de la clientela política.

Más llamativo aún resulta que los sindicatos guarden un estruendoso silencio ante los vejámenes que padecen los trabajadores en manos del IPS. ¿Por qué son tan tolerantes sus dirigentes, tan vociferantes en otras cuestiones? Si le han pedido a Víctor Insfrán Dietrich –antiguo sindicalista que continúa aún bien enganchado– que rinda cuentas de su gestión, habrán quedado satisfechos, pues nada se sabe de alguna reprimenda. La Unión Nacional de Jubilados del Paraguay se ocupa, sobre todo, de la situación financiera y de su impacto en las jubilaciones, aunque también ha objetado los vicios de las contrataciones para la compra de fármacos. Dado el desinterés de los gremios de empleadores y trabajadores, es comprensible que se haya creado una Asociación Nacional de Asegurados del IPS, que en su primera asamblea general de este año exigió, entre otras cosas, que el Consejo de Administración y su presidente, Jorge Brítez, sean removidos, que haya una provisión total de remedios y que se restablezca el mantenimiento de los equipos.

La demanda no resulta en absoluto exagerada, atendiendo el calamitoso estado de cosas que convierte en una burla cruel estas palabras dichas por el presidente Santiago Peña el 15 de agosto de 2023: “¡Basta de largas filas de espera, agendamientos interminables, equipamiento que no se usa por falta de insumos, de mantenimiento o de personal!”. Hoy suena a una broma cruel. Se espera al menos que el jefe de Estado no haya olvidado sus palabras, porque hoy esas miserias persisten y, al parecer, cada día se vuelven más acuciantes.

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Los asegurados tienen derecho a que sus aportes sean bien administrados para que su derecho a la vida y a una oportuna atención médica no sea vulnerado en el propio IPS. Alguien debe cargar con la responsabilidad penal y civil derivada del reciente fallecimiento de Braulio Vázquez, porque los dos angiógrafos con que cuenta el Hospital Central estaban fuera de servicio. Ahora se sabe que los contratos de mantenimiento habían vencido el 18 de diciembre de 2025.

Todo indica que lo referido no fue un accidente imprevisible, salvo mejor parecer del Ministerio Público. Tampoco se trató de una desidia sin precedentes, según se desprende de la nota dirigida el último 8 de enero por la firma Elizeche SAC a la Dirección de Recursos Tecnológicos del IPS: “el sistema de aire acondicionado de la sala de comandos (del Hospital Central) se encuentra inoperativo. La utilización del equipo en estas condiciones representa un riesgo grave (...) esta situación pone en peligro la seguridad de los pacientes”, pues “el equipo podría dejar de responder de manera súbita durante un procedimiento”. Es intolerable que los pacientes del IPS experimenten a menudo situaciones que ponen en riesgo su vida, debido a la notoria negligencia reinante en los hospitales y en el órgano directriz, sin que las organizaciones gremiales y sus representantes se conmuevan.

No hay que esperar más “muertes evitables” para iniciar el saneamiento de la entidad previsional, empezando por su Consejo de Administración, su presidente y todos sus integrantes. La insensibilidad en la gestión pública, que sus miembros exhiben sin rubor, es tan nefasta como la corruptela y la ineptitud.