La memoria y la atención ciudadanas harán bien impidiendo que un nuevo escándalo sirva para encubrir otro, en beneficio de quienes aspiran al olvido de sus fechorías para seguir cometiéndolas. En tal sentido, aunque sean de suma relevancia, la crisis de la salud pública, la reforma de la Caja Fiscal y la inseguridad reinante no deberían hacer olvidar que la Municipalidad de Asunción sigue en manos de quienes aprobaron las “terribles prácticas ilegales” detectadas por el exinterventor Carlos Pereira en la vergonzosa gestión de Óscar “Nenecho” Rodríguez. Por de pronto, once ediles que consintieron, entre otras cosas, el desvío de 512.000 millones de guaraníes derivados de la emisión de bonos y de quienes el Ministerio Público también debería ocuparse, aspiran con todo descaro a ser reelectos en los próximos comicios municipales, como si su desempeño hubiera sido impecable.
Siguiendo la tradición “bicicletera”, la Municipalidad obtuvo en diciembre un préstamo de 184.000 millones de guaraníes (28 millones de dólares) para abonar aguinaldos, además del último crédito contratado por la administración anterior, los intereses vencidos de los famosos bonos y las deudas heredadas, que ascienden a unos 265 millones de dólares. El préstamo fue acordado a sesenta días de plazo, pese a que la Ley Orgánica Municipal prohíbe que el plazo de pago de préstamo para financiar un déficit temporal de caja, que de hecho es permanente, supere el Presupuesto del ejercicio fiscal respectivo. Por si fuera poco, aunque habrían intervenido en las groseras ilegalidades constatadas por el interventor de la Municipalidad, al menos cuatro directores de la anterior y de la actual administración ya están en campaña para instalarse en la Junta Municipal, en tanto que otros dos secundan la precandidatura a intendente del cartista Camilo Pérez, el mismo que anunció en diciembre que, si lograra su objetivo, no despedirá a ninguno de los más de 9.100 asalariados, aunque unos 3.000 sean superfluos, según el exinterventor antes citado.
Es presumible que esos altos funcionarios, así como los concejales que buscan ser reelectos, se valgan de los recursos humanos y materiales de la Municipalidad para que las “terribles prácticas ilegales” continúen, presumiblemente en beneficio de ellos mismos y de sus socios de los sectores público y privado. Entretanto, la ciudad sigue abandonada a la buena de Dios, afectándose no solo la calidad de vida de los vecinos, sino también las operaciones comerciales; por ejemplo, el cierre parcial de la avenida Eusebio Ayala, para proseguir las obras de desagüe pluvial, causó atascos kilométricos que obligaron al cierre definitivo de muchos locales, como el perteneciente a un contribuyente que en 2025 pagó más de 14 millones de guaraníes en concepto de impuesto inmobiliario.
El 4 de octubre de este año, los capitalinos deberán decidir si dan o no su voto de confianza a algunos de los responsables de la quiebra moral y financiera de la Municipalidad, siendo de esperar que no surjan nuevos escándalos que hagan olvidar a quienes contribuyeron a la debacle asuncena. A la desfachatez habrá que oponer la dignidad de quienes se niegan a seguir siendo maltratados desde el Palacete Municipal, como si fueran idiotas útiles. Hay quienes deberían estar más bien entre rejas, en vez de seguir enriqueciéndose ilícitamente, gracias también a la memoria corta de los electores. El estado en que se halla Asunción y las barbaridades cometidas por su gobierno son de sobra conocidos, de modo que debería resultar innecesario apelar a la conciencia ciudadana. No obstante, vale la pena, en el literal sentido de la expresión, recordar una y otra vez lo acontecido en los últimos años para evitar que los dramas nacionales hagan que pase a segundo plano el saqueo municipal.
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Hay que desengañar con el voto a quienes creen poder continuar con sus canalladas, robando y dejando robar fondos públicos, como si fuera lo más natural del mundo. Creen que para eso mandan, sin distinguir entre el bien y el mal en el ejercicio del cargo. Resta esperar que esta lamentable historia asuncena no se repita en breve, gracias a una rebelión cívica contra el latrocinio municipal institucionalizado.