Casi 1.500.000 estudiantes iniciaron ayer el año lectivo en más de nueve mil centros de enseñanza públicos y, en menor medida, privados subvencionados. Entre estos no se incluyen por el momento presencialmente dos importantes y tradicionales instituciones, que son el Colegio Técnico Nacional (CTN) y el Colegio Nacional de la Capital (CNC), pues las refacciones concluirán recién en abril en el primer caso, y las clases en ambas instituciones se imparten virtualmente.
Por regla general, las edificaciones y el equipamiento educativos dejan muchísimo que desear, incluso en plena Asunción. Valgan como ejemplos que el Centro N° 15 de Educación Primaria y Pre-Escolar está lleno de goteras y de termitas, que la Escuela Básica San Francisco, clausurada el año pasado por “riesgo de derrumbe”, funcionará en una fábrica abandonada, que la Escuela Manuel Ortiz Guerrero debió rechazar alumnos por falta de asientos y que la directora de la Escuela Mauricio José Troche dijo que los padres deberán comprar pupitres o bien habrá que “amontonar” a los alumnos en los donados por Itaipú Binacional. Si así empezaron las clases en centros educativos en lugares donde deberían recibir una mejor atención, es presumible que en el interior del país se registran casos aún peores, que apeligran la vida o la integridad física de alumnos y docentes. De hecho, a menudo llegan noticias de situaciones precarias en el interior del país, donde en algunos lugares todavía dan clases bajo los árboles.
El inicio del año lectivo estuvo muy lejos de ser “espectacular”, como anunció muy orondo el ministro de Educación y Ciencias, Luis Ramírez, a quien un maestro de San Miguel (Misiones) invitó hace poco a ver en qué condiciones se enseña tierra adentro: “Te puedo asegurar que en una semana vas a salir corriendo”, expresó el docente. El director ministerial de Infraestructura, Marcelo León, niega que haya escuelas en ruinas; solo admite que hay mil “espacios educativos” en tal estado, entre los que se incluirían las oficinas, las canchas y los sanitarios. Poca cosa. Empero, la enorme mayoría de las quejas de docentes y alumnos tiene que ver con las aulas, lo que plantea la pregunta de por qué no han sido atendidas. El funcionario sostiene que “menos de mil necesitan algún tipo de reparación; en algunos casos, puede ser pintura”, pese a las reiteradas protestas de la comunidad educativa. Con toda evidencia, trata de minimizar el gravísimo problema en cuestión, ligado a la falta de control de la seguridad edilicia de los centros de enseñanza, denunciada en 2025 por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Panamericana de la Salud (OPS).
Si a la pésima calidad educativa se suma la negligencia en materia de instalaciones, resulta que el Ministerio peca de jactancioso en su informe de gestión 2025. En efecto, no saltan a la vista los resultados de la “histórica” ejecución del 94% de su Presupuesto de casi 12 billones de guaraníes (1.589 millones de dólares), de los cuales unos 60 millones de dólares habrían sido destinados a “reparaciones escolares”. Se habrían hecho mejoras en diecisiete “colegios emblemáticos, como el CTN y CNC”, donde, evidentemente, esas “mejoras” aún están inconclusas, y en estas dos instituciones se llevan a cabo con fondos de Itaipú.
Las mejoras tampoco llegaron a la Escuela Jorge Gayoso, de Villa Hayes, cuyos ventiladores no dan abasto; por eso, una maestra compró un equipo de aire acondicionado para el aula, pero no lo puede usar porque el sistema eléctrico es inadecuado, según dijo. Durante sus labores docentes sufrió una lesión y usó cal para pintar el salón, por falta de dinero para comprar pintura. Estas cosas, nada “espectaculares”, se producen cerca nomás de Asunción.
Un testimonio como el anterior desnuda la precariedad de la educación pública, pese al ropaje ministerial: es inevitable que se aprenda poco cuando los edificios y el equipamiento de los centros de enseñanza son pobrísimos, debido a la ineptitud, la negligencia y presunta corruptela que acompañan habitualmente la ejecución presupuestaria. Tal como están las cosas, el triunfalismo de Luis Ramírez es simplemente ridículo. La situación que heredó fue lamentable, pero aún no se advierten grandes mejoras, así que debe hacer mucho más, atendiendo la relevancia del cargo que ocupa.
Por de pronto, a poco más de dos años y medio de haber asumido tan alta responsabilidad, el ministro está “aplazado”, siendo de esperar que, aparte de interesarse por la formación de los docentes y de los estudiantes, también se preocupe por su vida y su integridad física, hoy muchas veces expuestas al derrumbe de techos o paredes. Es mucho lo que está en juego, de modo que es hora de que ponga manos a la obra, en vez de caer en la tentación de aplaudirse sin suficientes motivos.