Por de pronto, en virtud de un acuerdo con los flagrantes infractores, tampoco tendrán vigencia –por tiempo indefinido– los controles de las frecuencias ni las sanciones previstas en la Resolución N° 120/25 del Viceministerio de Transporte, dictada para combatir las continuas “reguladas”. El sumario abierto a las 28 empresas que violaron la ley quedará así en agua de borrajas, en tanto que los indefensos usuarios seguirán expuestos al maltrato habitual. Una vez más, el Gobierno ha cedido ante la extorsión descarada, hasta el punto de suspender la ejecución de un acto administrativo dictado, precisamente, para reprimir dicha repugnante maniobra. Así, seguirá alentando de hecho actuaciones ilícitas en perjuicio de los usuarios, víctimas de los abusos de unos y de la complicidad de otros.
En la práctica, las normativas no rigen para ciertos desalmados a los que nada importan las penurias de quienes se ven forzados a recurrir a sus pésimos servicios: pierden horas de trabajo o de clases, entre otras cosas, cuando a ellos se les ocurre imponer sus pretensiones. Conste también que la Ley N° 1334/98, “de defensa del consumidor y del usuario”, cuyo órgano de aplicación es la inoperante Secretaría así llamada, que puede actuar de oficio, dice que el usuario “tendrá derecho al suministro correcto e ininterrumpido del servicio, y a demandar por los daños y perjuicios que le irrogue la mala calidad, los defectos o las interrupciones del servicio”. La llamativa condescendencia con los “empresarios” de marras, quizá atribuible a unos lazos con el poder político que se estrechan aún más en tiempos electorales, supone una grosera traición al deber de que un servicio público brindado según los términos de la concesión, sin interrupciones de ninguna laya.
Este último capítulo del viejo drama, signado por la preeminencia del interés particular de unos “empresarios” sobre el general de la población, acaeció durante la tan mentada “reforma” del transporte público metropolitano de pasajeros. Es de temer que muy pronto la historia se repita de algún modo, por la simple razón de que falta la consabida “voluntad política” de cumplir y hacer cumplir las normativas en vigor. De hecho, los usuarios están inermes ante los embates de quienes están dispuestos a abandonar el servicio hasta salirse con la suya, gracias a la culposa tolerancia de las autoridades competentes; la experiencia les enseña que no serán castigados por los paros, las “reguladas” ni los buses maltrechos, de modo que volverán muy pronto a las andadas: tienen sobrados motivos para confiar en la “comprensión”, quizá no desinteresada, de los órganos encargados de velar por los derechos de los sufridos usuarios.
El calvario continuará, cabe reiterarlo, mientras los organismos competentes no tengan la voluntad de que las disposiciones tengan vigencia efectiva; lo demás es fuego de artificio para engañar a la población. Que a estas alturas se repitan situaciones tan lamentables como las referidas es señal de que una “alianza público-privada”, como la que pervierte el servicio público en cuestión, resulta extremadamente nociva: urge romperla en beneficio del bien común y en particular de los usuarios vejados con toda impunidad. Eso de que se anuncie una sanción y luego se la postergue sine die, en virtud de un acuerdo aberrante, es una muestra elocuente de hasta dónde puede llegar la connivencia contra la legalidad y el interés general.
La ministra de Obras Públicas y Comunicaciones, Claudia Centurión, había dicho: “Vamos a aplicar todas las sanciones correspondientes: se van a abrir sumarios, es innegociable, está plasmado en los contratos. Ellos se arriesgaron al no quitar sus vehículos y eso tiene consecuencias porque no se han acogido a la formalización de lo que es un paro”, aunque la ley diga que la interrupción total o parcial del servicio es una infracción grave. De hecho, se tragó sus elocuentes palabras, que se volvieron ridículas y demostraron, por si hacía falta, que nada bueno se puede esperar de su gestión en lo que atañe al transporte. Por de pronto, los “empresarios” volvieron a salirse con la suya.