Los consejeros son corresponsables de la debacle del IPS

Tras asumir el 22 de abril la presidencia del Consejo de Administración del Instituto de Previsión Social (IPS), Isaías Fretes pidió a sus miembros que pongan sus respectivos cargos “a disposición”, es decir, que renuncien. Hasta hoy, solo uno de ellos, el Dr. Gustavo González Maffiodo (representante del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social), ya reemplazado por Hassel Jiménez, ha tenido el decoro de hacerlo; Bettina Albertini (representante del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social), Víctor Insfrán (representante de los trabajadores aportantes), José Jara (representante de los jubilados y pensionados) y José Emilio Argaña (representante de los empleadores) siguen aferrados a sus cargos, aunque este último ya había presentado su renuncia el 5 de febrero por propia iniciativa, sin que hasta la fecha haya sido aceptada. Ahora afirma que solo el jefe de Estado tiene la potestad de solicitar a un consejero que ponga su cargo “a disposición”, reduciendo la cuestión a una formalidad legal.

Tras asumir el 22 de abril la presidencia del Consejo de Administración del Instituto de Previsión Social (IPS), Isaías Fretes pidió a sus miembros que pongan sus respectivos cargos “a disposición”, es decir, que renuncien. Hasta hoy, solo uno de ellos, el Dr. Gustavo González Maffiodo (representante del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social), ya reemplazado por Hassel Jiménez, ha tenido el decoro de hacerlo; Bettina Albertini (representante del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social), Víctor Insfrán (representante de los trabajadores aportantes), José Jara (representante de los jubilados y pensionados) y José Emilio Argaña (representante de los empleadores) siguen aferrados a sus cargos, aunque este último ya había presentado su renuncia el 5 de febrero por propia iniciativa, sin que hasta la fecha haya sido aceptada. Ahora afirma que solo el jefe de Estado tiene la potestad de solicitar a un consejero que ponga su cargo “a disposición”, reduciendo la cuestión a una formalidad legal.

El nuevo presidente de la entidad, cuya solicitud es apoyada por la Federación de la Producción, la Industria y el Comercio (Feprinco), cree que los consejeros están “examinando su conciencia” y lanza la pregunta de si a alguien le “gustaría trabajar en un lugar donde el jefe pide que se dé un paso al costado”. Cabría también preguntarse por qué en tal caso, desearía permanecer en el puesto. La respuesta podría vincularse, sobre todo, a los 32 millones de guaraníes que un consejero cobra cada mes por sus pésimos servicios, en concepto de dieta, gastos de representación y bonificación por responsabilidad en el cargo. Al ocupar el cargo, cada uno de ellos trajo consigo varios funcionarios, uno de los cuales –el jefe de Gabinete– gana 17 millones de guaraníes mensuales.

La culpa de la debacle sanitaria, financiera y moral del IPS no es exclusiva del fracasado Jorge Brítez: los consejeros son corresponsables, pues sus acciones y omisiones contribuyeron decisivamente al desastre de larga data que, entre otras desgracias, sigue causando “muertes evitables” que deben ser investigadas por el Ministerio Público. Se diría que quienes ignoran el pedido de Isaías Fretes no están demostrando un alto sentido de la dignidad en el ejercicio de un cargo público y que Santiago Peña se está tomando demasiado tiempo para reemplazar a José Emilio Argaña. Por cierto, debería apresurarse a reforzar el pedido hecho a sus miembros por el actual presidente del Consejo de Administración o –mejor aún– despedirlos lisa y llanamente.

Aparte de hacerse los desentendidos, los consejeros se opondrían a que las sesiones sean transmitidas al público: “El que se opone es porque tiene la cola sucia”, dijo con toda razón Isaías Fretes, quien ordenó que las reuniones vuelvan a ser filmadas, esto es, que exista la transparencia que tanto disgusta a los corruptos y a los ineptos. Un curioso incidente, que pudo haber tenido consecuencias fatales, muestra una vez más que también la negligencia culposa reina en el IPS y no solo en los tratamientos médicos. Dos ruedas de una camioneta de la entidad en la que el presidente iba al Chaco carecían de tuercas. Él lo filmó porque “en este país todos somos mentirosos hasta mostrar lo contrario”, según dijo.

Por lo demás, es plausible que haya sido lo bastante sincero como para confesar que él no va a cambiar el IPS, por falta de tiempo. Su meta sería solo la de “poner la proa en el rumbo correcto”, para que su reemplazante continúe “el mismo curso, según el proceso”. Es de esperar que así sea para que alguna vez los pacientes y sus familiares sean mucho mejor atendidos. El rumbo tomado debería apuntar a la honradez, la idoneidad y el buen servicio, para poner fin a la pesadilla que la entidad previsional supone, en más de un sentido. Para ello, es necesario que todos los miembros del Consejo de Administración, salvo el presidente y el recién nombrado, sean depuestos, sin darles las gracias por los servicios tan mal cumplidos: simplemente, dan vergüenza ajena a las personas de bien.

Es cierto que llevará su tiempo sanear el IPS, pero por eso mismo urge tomar desde ya las medidas adecuadas en defensa de los asegurados y sus familiares. De lo que se trata, nada menos, es de preservar la vida y la integridad física de las personas que sustentan a quienes tienen dicho deber. Las iniciativas del actual presidente resultan atinadas, siendo de esperar que con el paso del tiempo él no sea contaminado por el ambiente putrefacto. Limpiarlo a fondo es una condición indispensable para que alguna vez la entidad previsional cuente con una administración eficaz que le permita estar al día con los proveedores y disponer de remedios, insumos y equipos suficientes que sean empleados por un personal de blanco idóneo en instalaciones bien montadas. Como debería ser lo normal, no es mucho pedir.