Evitar que los habitantes del Alto Paraguay sean burlados una vez más

“A pesar del esfuerzo que realizamos para traer inversionistas a nuestro departamento (Alto Paraguay), tropezamos con la dura realidad de la falta de caminos de todo tiempo, de agua potable y de una energía eléctrica precaria e inestable”; por tales razones, los pobladores serán “simples espectadores del desarrollo económico que generará la nueva ruta Bioceánica”. Lo dijo el gobernador Arturo Méndez (ANR, cartista), ilustrando el abandono en que se halla sumido desde siempre el departamento más lejano y descuidado del país.

En particular, la pobrísima infraestructura vial hace que los habitantes de las zonas rurales queden aislados tras las lluvias, con el consecuente impacto económico, sanitario y educativo, al cerrarse el acceso a los mercados, a los precarios centros de salud y a las escuelas. La incomunicación ocurre incluso cuando las precipitaciones son ligeras, como las del último fin de semana: varios vehículos cayeron en las cunetas al eludir a camiones de gran porte, detenidos por prudencia en un angosto tramo resbaladizo, cerca de Toro Pampa.

Hasta hace unos días, dos empresas contratadas por el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) para reparar caminos, a un costo de 17.000 millones de guaraníes, no habían avanzado mucho en sus trabajos iniciados en enero, porque al parecer los fondos no eran desembolsados. Tras la publicación del problema, una de las empresas reinició la reparación de tramos camineros entre Fuerte Olimpo y Bahía Negra, siendo de esperar que ambas la continúen con rapidez antes de la llegada de las anunciadas lluvias.

Por eso, convendría que la ministra Claudia Centurión tenga muy en cuenta al departamento chaqueño en los preparativos iniciados para enfrentar el fenómeno meteorológico del “Niño Fuerte”, que causaría considerables lluvias en agosto y septiembre. El Ministerio de Agricultura y Ganadería, la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN) y hasta el Ministerio de Defensa ya han tomado las medidas del caso. Está muy bien que el MOPC se esté abocando a lo mismo: los puentes y las rutas, sobre todo las no asfaltadas, deben ser atendidos con el esmero que suele echarse de menos, para impedir el aislamiento de numerosos pequeños municipios. Si en condiciones climáticas normales, las vías terrestres del Alto Paraguay son deplorables, es presumible que empeoren muchísimo si el pronóstico se cumple, sin que se haga lo que debe hacerse.

Por de pronto, es plausible que se esté planeando reforzar los muros de contención de Fuerte Olimpo, ante la eventual crecida del río Paraguay debido a las intensas lluvias; también lo es que la SEN haya reiniciado la provisión de agua a comunidades chaqueñas que la requieran y que las fuerzas militares estén previendo la evacuación de aquellas que resulten aisladas. De hecho, el Alto Paraguay se halla en un permanente estado de emergencia, del que solo saldrá si sus pobladores reciben en todo tiempo la merecida atención de los organismos estatales. No basta, ni mucho menos, con atenuar los efectos de un fenómeno climático extraordinario.

Las políticas públicas deben apuntar a emancipar a sus habitantes de la pobreza, creando las condiciones de base para estimular las inversiones, tales como una red vial notablemente mejorada y la provisión constante de agua potable y de energía eléctrica. Los altoparaguayos deben ser liberados de la marginación a la que están hasta ahora condenados, aún más que los compatriotas de otros departamentos. Aunque sean “solo” unos veinte mil y vivan lejos de la capital, también ellos tienen derecho a la igualdad de oportunidades en la participación de los beneficios de la naturaleza, de los bienes materiales y de la cultura, según la ley suprema. Es de lamentar que hasta hoy no gocen de dicha igualdad, debido al desinterés y a la incompetencia de los sucesivos gobiernos.

Dado que vivir en el extremo norte del país no debe implicar una fatalidad del destino, el Viceministerio de Economía y Planificación debería concebir políticas que apunten al desarrollo del Alto Paraguay y sean en verdad ejecutadas: si hoy existen, no van más allá de los documentos en que están plasmadas. Por su parte, el presidente de la República, Santiago Peña, debe perder la mala costumbre de incumplir sus promesas: al cabo de casi tres años de gestión, no ha asfaltado un solo centímetro de las vías terrestres del departamento. Prometió cinco veces librarlo del aislamiento que lo condena al atraso, pero hasta hoy todo sigue igual. En todo caso, hubiera hecho mejor en callarse, en vez de incurrir en algo muy parecido a una burla cruel. No está nada bien jugar con la ilusión de la gente.