La juventud no debe ser manipulada con fines políticos partidarios

Como si no tuviera mucho que hacer en el ejercicio del cargo, la ministra de la Juventud, Salma Agüero, está abocada a la tarea de promover la candidatura de Camilo Pérez (ANR, cartista) a la Intendencia Municipal, en compañía de funcionarios de la Secretaría Nacional que dirige sin pena ni gloria. Su intervención en la campaña electoral está resultando mucho más llamativa que su desempeño al frente de dicho organismo, gracias a que ella misma se ocupa de difundirla, sin ningún escrúpulo. Y sin temor alguno, pese a que la actividad política partidaria le está prohibida, pero sabe que el brazo de la Justicia no le va a alcanzar. El favorecido por su notorio entusiasmo le agradeció por “sacar adelante” la presencia sabatina de “Camilo en tu barrio”, lo que plantea la pregunta de si dicha iniciativa absorbe parte de la jornada laboral de la ministra y de sus funcionarios e incluso la de si, para el efecto, se están empleando recursos del Estado. Tan desembozada actuación hace temer que su rol de ministra esté signado por el sectarismo, pues el servidor público que ejerce una conducción política, como es el caso de un ministro, tiene prohibido usar su autoridad para influir en una elección, así como ocupar la jornada de trabajo, utilizar personal, material o información del órgano, para fines ajenos al mismo. Así lo dispone la Ley de la Función Pública y la Carrera del Servicio Civil.

Como si no tuviera mucho que hacer en el ejercicio del cargo, la ministra de la Juventud, Salma Agüero, está abocada a la tarea de promover la candidatura de Camilo Pérez (ANR, cartista) a la Intendencia Municipal asuncena, en compañía de funcionarios de la Secretaría Nacional que dirige sin pena ni gloria. Su intervención en la campaña electoral está resultando mucho más llamativa que su desempeño al frente de dicho organismo, gracias a que ella misma se ocupa de difundirla, sin ningún escrúpulo. Y sin temor alguno, pese a que la actividad política partidaria le está prohibida mientras ejerza el cargo, pero sabe que el brazo de la Justicia no le va a alcanzar.

El favorecido por su notorio entusiasmo le agradeció por “sacar adelante” la presencia sabatina de “Camilo en tu barrio”, lo que plantea la pregunta de si dicha iniciativa absorbe parte de la jornada laboral de la ministra y de sus funcionarios e, incluso, la de si, para el efecto, se están empleando recursos del Estado. Tan desembozada actuación hace temer que su rol de ministra esté signado por el sectarismo, pues el servidor público que ejerce una conducción política, como es el caso de un ministro, tiene prohibido usar su autoridad para influir en una elección, así como ocupar la jornada de trabajo, utilizar personal, material o información del órgano, para fines ajenos al mismo. Así lo dispone la Ley de la Función Pública y la Carrera del Servicio Civil.

No es nueva la aberrante distorsión de las funciones de la Secretaría mencionada; en septiembre de 2025, la ministra “reclutó” a dirigentes estudiantiles de colegios públicos para una supuesta jornada de capacitación realizada en la sede de la ANR. Con toda evidencia, Salma Agüero parece estar sobre todo al servicio de su partido: la problemática juvenil no distrae su atención tanto como la ANR. Y conste que no son pocos los miembros de las nuevas generaciones que tropiezan con muy serias dificultades para abrirse paso en la vida: sus problemas son “transversales”, en la medida en que afectan diversas áreas de interés público.

Si el futuro del país depende de los jóvenes, hay motivos para inquietarse, empezando por el hecho de que, según datos oficiales, el 13% de ellos no estudia ni trabaja. Aparte de la Secretaría Nacional de la Juventud, hay otras entidades públicas que también deberían ocuparse de ese inquietante dato y de sus funestas consecuencias, como el auge de la drogadicción y de su correlato, la delincuencia juvenil.

Poco o nada se sabe de las políticas públicas que la Secretaría Nacional de la Juventud está ejecutando al respecto. Debería cooperar, por ejemplo, con el Servicio Nacional de Promoción Profesional, a fin de que los jóvenes se capaciten para obtener un buen empleo. Todo parece indicar, sin embargo, que la ministra Salma Agüero está mayormente interesada en la manipulación político-partidaria de los jóvenes, algo más bien propio de los regímenes totalitarios. Todavía se recuerdan los actos que se disputaban organizar las numerosas organizaciones coloradas –especialmente de estudiantes secundarios y universitarios– en homenaje al dictador Alfredo Stroessner, con el apoyo financiero de instituciones gubernamentales. Si es repudiable poner el aparato estatal al servicio del partido oficialista, no lo es menos utilizarlo para influir en la juventud en provecho del Gobierno imperante.

Una entidad estatal partidista, sostenida con el dinero de todos, no está al servicio de la población en general. Una que bastardea su función, utilizando sus recursos humanos o, incluso, materiales para incidir políticamente en la mocedad, actúa contra la ley y la moral. La ministra no está ni de lejos a la altura del cargo, ya por el simple hecho de que los resultados de sus políticas, suponiendo que existan, distan muchísimo de ser influyentes en la sociedad en general. Más aún, haberlo puesto al servicio de una candidatura partidaria es razón suficiente para considerarla indigna de seguir al frente de un organismo que, así como ocurre, no está al servicio de los jóvenes en general, sino de los dirigentes de un partido y, en especial, de un sector del mismo.

La Secretaría Nacional de la Juventud no debe seguir siendo utilizada para objetivos del todo ajenos a su función legal de fomentar la participación juvenil en el desarrollo de la nación: lo que hoy mismo está alentando, con el ejemplo de la ministra y sus funcionarios, es la sumisión de la ciudadanía a los designios de la ANR cartista.