Autoridades del BCP deben ser removidas

A estas alturas ya no queda absolutamente ninguna duda de que el Banco Central del Paraguay ha defraudado a los agentes económicos y a la ciudadanía. No le será fácil al presidente de la República, Santiago Peña, intentar recuperar algo de la credibilidad y de la confianza en la institución y en él mismo. Tendrá que comenzar acordando de inmediato con el Congreso la remoción del titular de la entidad, Carlos Carvallo Spalding; del superintendente de Bancos, Holger Insfrán, y de los miembros del Directorio que no puedan salvar su responsabilidad, y ni eso será suficiente. Deberá demostrar en los hechos la plena voluntad de que se apliquen todas las medidas correctivas, sin miramientos de ninguna naturaleza, despejando cualquier atisbo de sospecha de conflictos con sus intereses particulares y los de su entorno.

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Queda claro que el Banco Central, bajo la presidencia de Carvallo Spalding, ignoró advertencias y recomendaciones de sus propios técnicos, minimizó llamados de atención de organismos multilaterales e hizo oídos sordos ante la creciente inquietud manifestada pública y privadamente por diversos actores económicos, dentro y fuera del sector financiero, frente a indicios cada vez más preocupantes de laxitud en la supervisión y aplicación de reglas de prudencia a una entidad en particular, que fue presidida por el mismo Carvallo, perteneciente a un grupo que estuvo comercialmente ligado a Santiago Peña hasta bastante después de asumir la presidencia.

Tuvo que suscitarse una crisis interna en el oficialismo para que se fueran conociendo muchos más detalles de incumplimientos, excesos y maniobras relacionados con Ueno Bank, que se convirtió en banco a fines de 2023, en coincidencia con el inicio del mandato presidencial de Santiago Peña. Quien lideró ese proceso fue precisamente Carlos Carvallo Spalding, a su vez nombrado por Peña presidente del Banco Central, algo que en la jerga se conoce como práctica de puertas giratorias.

Durante su campaña, Peña había afirmado no tener nexos con ningún grupo económico, pero investigaciones periodísticas posteriores revelaron que tenía participación accionaria en Ueno Holding, del mismo conglomerado del Grupo Vázquez, dueño de Ueno Bank. Solo tras quedar expuesto se desprendió formalmente de sus acciones, en marzo de 2025, un año y siete meses después de jurar como presidente.

Entretanto, Ueno Bank pasó de tener una participación absolutamente marginal a ser la segunda mayor captadora de fondos públicos y del Instituto de Previsión Social en la plaza financiera, con unos 850 millones de dólares, solo por detrás del Banco Nacional de Fomento.

Pronto empezaron a surgir señales de alerta, que eran vox populi en el ámbito financiero y de negocios, aunque pocos se animaban a expresarlo públicamente. Primero fueron las condiciones totalmente atípicas con que le permitieron diferir las pérdidas tras la absorción de Visión Banco. Luego fueron los favoritismos para las colocaciones del IPS, que cambió hasta 30 veces sus reglamentos para amoldarlos a su medida. También había preguntas sobre el retorno de las amplias campañas de promoción y de auspicios, así como del modelo de negocios de Ueno Bank, que reporta relativamente pocas ganancias por intermediación financiera en sus balances, compensadas con el rubro “proyectos”. Y, sobre todo, había muchas sospechas sobre la fuente de financiación de la meteórica expansión empresarial del Grupo Vázquez.

Incluso el Fondo Monetario Internacional, sin nombrarlo, hizo una sutil alusión a la entidad bancaria al referirse al inusitado aumento de tarjetas de crédito de baja denominación y de muy escasa rentabilidad, e hizo un llamado a vigilar los indicadores y tomar medidas regulatorias. El BCP respondió con un comunicado calificando la situación de “normal”.

Hoy se sabe que hubo múltiples informes elaborados por propios técnicos del BCP que no fueron escuchados por sus superiores. En ellos se consignan incumplimientos, posibles triangulaciones para comprar la cartera morosa con fondos del propio banco, y canalización de autopréstamos a sola firma, sin suficientes garantías, por decenas de millones de dólares a empresas vinculadas, muy por encima de los límites legales, con presuntas maniobras de simulación de transferencias accionarias a prestanombres, todo aparentemente a sabiendas de las autoridades fiscalizadoras.

Esto último, en particular, es muy peligroso y Paraguay ha tenido nefastas experiencias con ello en las crisis financieras de los noventa. Los bancos no son dueños del dinero que manejan, por lo que no tienen permitido prestar directa o indirectamente a sus propios dueños más allá de ciertos topes, con el agravante en este caso de que se trata de fondos públicos y del IPS en una abrumadora proporción.

Ueno Bank tiene pleno derecho de competir libremente en el mercado financiero, toda vez que cumpla y le hagan cumplir estrictamente las normas. Por la tranquilidad de todos, es de esperar que se pueda adecuar. Pero las autoridades que permitieron que se haya llegado a este punto, sin haber tomado las previsiones debidas pese a haber sido advertidas, no pueden permanecer en sus cargos.