Bajo el eslogan “Asunción te quiero limpia”, la Municipalidad de nuestra capital promueve una campaña que tiene una finalidad obviamente encomiable. Se propone realizar una demostración de que, poniendo empeño conjunto entre las autoridades comunales y el vecindario de cada barrio, se pueden limpiar los espacios públicos, exhortando de paso a conservarlos permanentemente en ese estado.
Para alcanzar este objetivo se requiere mucho más que un día de trabajo y la buena predisposición general de habitantes y funcionarios: se requieren disciplina, orden y consciencia en las personas, y funcionamiento eficiente de los servicios públicos, factores que en nuestros centros urbanos brillan por su ausencia.
Desde hace años, en varias localidades del país se vienen realizando campañas por la higiene, el aseo, el arreglo urbanístico y los buenos hábitos requeridos para conseguirlos y conservarlos. Se hicieron campañas juveniles para recoger desechos, campañas institucionales para plantar árboles y arreglar parques y paseos, campañas oficiales para erradicar los criaderos de mosquitos, publicidad contra la polución ambiental, advertencias para la limpieza obligatoria de baldíos y un sinfín de otras loables iniciativas similares, todas las cuales tuvieron un denominador común: el ser efímeras y el dejar la impresión de que no perduraban ni sus lecciones ni sus ejemplos.
La suciedad, la contaminación y el desorden de nuestras ciudades tienen dos causas principales y muy visibles: los malos hábitos de sus pobladores y la inoperancia o ineficiencia de sus autoridades comunales. Si se consiguiera corregir solamente una de esas dos causas pero no la otra, ningún éxito se lograría. Porque con una población indisciplinada, sin apego por el aseo y sin respeto por su salud y por la de los demás, no habrá Municipalidad, por más eficiente que sea, que logre resultados. Y, recíprocamente, una población educada, consciente y preocupada en estas materias, pero sin asistencia municipal, no avanzará mucho.
De manera que todo el esfuerzo que la Municipalidad de Asunción se proponga realizar para limpiar la ciudad debe contar, en forma indefectible, con la cooperación de los residentes de la ciudad y, además, la de los visitantes que diariamente llegan a ella por distintos motivos, que suman más de un millón y medio y que producen tanta cantidad de desechos y contaminación como los residentes, o más.
Lo que debe hacerse comprender a todos, de lo que cada persona debe tomar conciencia, es de que la basura que arroja a su paso, en las veredas, desde los medios de transporte, al baldío del vecindario, tarde o temprano sus efectos le alcanzarán a través de sus consecuencias más negativas. La acumulación de desechos, la producción de humo por quemazones, el amontonamiento de escombros y demás casos similares no son un problema meramente estético, cosas que afean la ciudad y degradan su aspecto, sino que principalmente constituyen un peligro para la salud general.
No hace falta repetir la larga lista de enfermedades que se generan en estas pésimas condiciones ambientales. Recientemente se informó que el nivel de contaminación del aire en Asunción y alrededores sobrepasa quinientas veces los niveles máximos establecidos por la Organización Mundial de la Salud. Esta situación no se corrige solamente ordenando adecuadamente la disposición de desechos domiciliarios y evitando incinerar basura o arrojarla a los cauces de arroyos y raudales, sino también modificando las reglas de circulación de vehículos, estableciendo controles severos sobre los motores y otras máquinas a combustión y, sobre todo, haciendo respetar las reglas, imponiendo sanciones severas para quienes atentan desaprensivamente contra la salud pública y la calidad de vida en la ciudad.
Este debe ser el gran objetivo de la política municipal de saneamiento ambiental.
Es buena idea comenzar por lo elemental: enseñar a las personas y luego estimularlas a manejar la basura correctamente; enseñar a la gente que las bolsas de desechos no deben estar en sus veredas más que el tiempo mínimo indispensable para ser recogidas; enseñar que si, por cualquier motivo, no hay recolección, la basura domiciliaria debe mantenerse dentro de las casas y no ser arrojada afuera, porque las comunidades barriales no tienen por qué cargar con los desechos de los demás, y cada vecino debe hacerse responsable por los desperdicios que produce y no convertirlos en “bien público” abandonándolos en cualquier parte, vereda, esquina, baldío, raudal o arroyo.
El ciento por ciento del éxito de una campaña como la que acertadamente emprende la Municipalidad de Asunción radica en la enseñanza y el aprendizaje comunitario. Si se limpia totalmente la ciudad por veinticuatro horas, será un éxito a medias, pues nada garantiza que en los próximos días esto continúe igual. Si se enseña metódica y sostenidamente, si se imponen la reglas, si se sanciona rigurosamente a los transgresores, las posibilidades de llegar a tener una población educada, disciplinada en el aseo, consciente de las exigencias de la salubridad y capaz de lucir una ciudad digna y ejemplar para otras, será una realidad. Entonces sí el orden y aseo no durarán solo veinticuatro horas, sino el año entero.
“Asunción te quiero limpia” es una excelente manera de comenzar un proyecto de la naturaleza comentada. Es un buen comienzo; lo que venga después debe contar con una acción sostenida de parte de la Municipalidad y con la cooperación masiva de la población de Asunción.