La libertad de expresión soñada

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La aparición de nuestro primer ejemplar de ABC Color, hace cincuenta años, fue el resultado de la indignación, de ese sentimiento de rebeldía que se acumula en el alma ante las injusticias, cuando se carece de la fuerza necesaria para remediarlas o de la posibilidad de expresarlas sin temor a represalias. La intención fue ofrecer al país un medio masivo de comunicación que pudiera financiarse sin tener compromisos políticos. En tal sentido, nos preciamos de haber preservado nuestra independencia en este medio siglo pasado, habiéndonos comprometido solo con el devenir nacional con todas sus facetas. Acompañamos los cambios que fueron sucediéndose en lo político, en lo social, en lo económico y en lo cultural. No pocas veces contribuimos a producirlos, influyendo así en el desarrollo de los acontecimientos, teniendo siempre en cuenta el bien común. Reafirmamos este compromiso, iniciando con orgullo y entusiasmo nuestro segundo medio siglo de servicio a la nación, haciendo realidad, junto con nuestros detractores, la libertad de expresión soñada por varias generaciones, y por la que luchamos desde aquel 8 de agosto de 1967 en que nacimos con fe en la patria.

La aparición del primer ejemplar de ABC Color, hace cincuenta años, fue el resultado de la indignación, de ese sentimiento de rebeldía que se acumula en el alma ante las injusticias, cuando se carece de la fuerza necesaria para remediarlas o de la posibilidad de expresarlas sin temor a represalias.

La intención fue ofrecer al país un medio masivo de comunicación que pudiera financiarse sin tener compromisos políticos. En tal sentido, nos preciamos de haber preservado nuestra independencia en este medio siglo pasado, habiéndonos comprometido solo con el devenir nacional en todas sus facetas. Acompañamos los cambios que fueron sucediéndose en lo político, en lo social, en lo económico y en lo cultural. No pocas veces contribuimos a producirlos, influyendo así en el desarrollo de los acontecimientos, teniendo siempre en cuenta el bien común.

Si lo conseguimos, fue gracias a que ABC Color acogió a talentosos colaboradores con el fin de generar una opinión pública informada, capaz de conocer, distinguir y juzgar con rectitud. Fueron numerosos los escritores, columnistas y periodistas que prestigiaron nuestras páginas con su honestidad, su esfuerzo perseverante y su patriotismo. Nos enorgullece que ABC Color haya acogido a intelectuales y periodistas tan renombrados como Augusto Roa Bastos, Elvio Romero, Josefina Plá, Rubén Bareiro Saguier, Juan Bautista Rivarola Matto, Roque Vallejos, Carlos Pedretti , Carlos Villagra Marsal, Fernando Talavera, Alfredo Seiferheld, Helio Vera, Carlos Colombino, Secundino Núñez, Porfirio Cristaldo, Fernando Cazenave, entre otras distinguidas personalidades de la historia de nuestro país.

A todos ellos los recordamos en este día con nostalgia, afecto y admiración.

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Estamos profundamente agradecidos a quienes enriquecieron nuestro diario con su inteligencia y su pluma ágil y vivaz, así como a los compatriotas y extranjeros residentes en el Paraguay que nos dieron su aliento y apoyo de innumerables maneras y en distintos momentos, algunos muy difíciles, como el de la clausura del diario durante cinco años, por obra de la despótica y corrupta dictadura de Alfredo Stroessner.

También queremos recordar con agradecimiento el respaldo que recibimos de los anunciantes, los suscriptores y los ciudadanos y ciudadanas en general, que nos eligieron para acompañarlos día a día y nos brindaron valiosos comentarios que nos ayudaron a mejorar. ABC Color les debe a todos ellos sus primeros 50 años de existencia.

Esta valiosa relación cultivada con tantas personas, muchas de ellas ya ausentes, y con las generaciones que se sucedieron en el último medio siglo nos impone el deber ético de recordar todos los días que valores superiores como la libertad y el patriotismo deben seguir rigiendo siempre nuestra conducta.

En estos apasionantes años de alegrías y sinsabores, nos hicimos parte de un grupo creciente de medios de comunicación dispuestos a consolidar en el país una completa libertad de expresión, de tal suerte que impregne la conducta y la cultura cívica de la ciudadanía, y quede firmemente arraigada en nuestra sociedad.

Nos complace constatar que, gracias al esfuerzo mancomunado de los medios de comunicación, los paraguayos y las paraguayas gozamos hoy de una plena libertad de expresión, en un país en el que ella fue amordazada durante largas y tenebrosas décadas. En verdad, podemos ufanarnos de estar a la altura de los países más democráticos del orbe en lo que hace al ejercicio de esa libertad tan preciada, madre protectora de todas las demás libertades.

No podemos dejar de recordar hoy, con mucha emoción, a nuestro querido corresponsal en Curuguaty, Pablo Medina, ultimado por la despiadada mafia del narcotráfico en el cumplimiento de su labor periodística. Su honestidad y su coraje le impulsaron a denunciar, con nombres y apellidos, esa lacra que inficiona a la sociedad y a los organismos estatales, desde una de sus principales zonas de influencia. Su ejemplo nos compromete a todos los periodistas que deseamos un Paraguay libre de las garras del crimen organizado. Confiamos en que la Justicia aplique todo el rigor de la ley a los involucrados en el horrendo asesinato.

Estos fructíferos cincuenta años de vida que pasaron –con la arbitraria interrupción del lustro que hoy solo es un mal recuerdo– nos obligan a seguir siendo custodios diligentes de los derechos que amparan a todos los habitantes del país, en lo interno, así como de los superiores intereses nacionales en el marco de sus relaciones exteriores.

Reafirmamos este compromiso, iniciando con orgullo y entusiasmo nuestro segundo medio siglo de servicio a la nación entera, haciendo realidad, junto con nuestros colegas, nuestros lectores, nuestros anunciantes y hasta nuestros detractores, la libertad de expresión soñada por varias generaciones, y por la que luchamos desde aquel 8 de agosto de 1967 en que nacimos con fe en la Patria.