El pasado miércoles 12, el Ministerio de Educación y Cultura oficializó la entrega de 3.467 computadoras portátiles XO a niños y niñas de 1°, 2° y 3° grados de 35 escuelas públicas y subvencionadas de Caacupé, que participan del programa Una Computadora por Niño (UCPN). La importancia de este acto es radical: allí, en la escuela Raúl Peña, de la compañía Cabañas de Caacupé, donde se encontraban los alumnos, mamás y papás, docentes, autoridades educativas y el presidente Horacio Cartes, estaba ocurriendo un cambio real con respecto a las políticas públicas de Tecnologías de la Innovación y la Comunicación (TIC), de educación y de equidad social.
El programa que entrega a los alumnos de la educación escolar básica una computadora portátil en propiedad se inició hace siete años en diez escuelas de Caacupé, impulsado por la asociación Paraguay Educa. Esta entidad fue integrada por jóvenes con una formación profesional superior y con ganas e ideas concretas para cambiar el país. Entre ellos siempre se destacó la voz inteligente y entusiasta de Cecilia Rodríguez Alcalá, exdirectora ejecutiva, una joven que a fuerza de entusiasmo, ideas y acciones supo ganarse el respeto de la comunidad educativa, de los espónsores de la asociación y de referentes internacionales. También de las sucesivas autoridades nacionales, aunque de estas recibió más de una vez un trato indiferente, por decir lo menos. Paraguay Educa a su vez logró concitar el apoyo de diversas organizaciones nacionales, internacionales, empresas y voluntarios, y gracias a este trabajo en conjunto pudo sostener el programa y hacerlo crecer hasta cubrir todas las escuelas de la capital de Cordillera. El impulso dado fue más allá de las escuelas. Para aprovecharlo, el año pasado fue creado el Centro Tecnológico Serranía, de manera que los alumnos que se educaron usando una laptop XO como herramienta, pudieran seguir creciendo.
A lo largo de estos años varios estudios demostraron la incidencia que UCPN tuvo en Caacupé. Uno de ellos es el desarrollado entre 2010 y 2013 por Morgan Ames, doctora del Departamento de Comunicación de la Universidad de Stanford, que destaca que el programa marcó una diferencia positiva en la educación de los alumnos beneficiados. Este demostró que los puntajes en exámenes de lectura y matemáticas eran en promedio más altos en los estudiantes de la primera fase del proyecto, que llevaban más años con la computadora, que en los de la segunda fase.
Otra investigación externa, realizada por el Instituto de Desarrollo (Indes) en el año 2010, mostró que los estudiantes y los profesores avanzaron considerablemente en el proceso educativo, especialmente en la forma de repensar las prácticas de enseñanza. Esta evaluación analizó el rendimiento de aproximadamente 800 niños del tercer y sexto grados, entre los que recibieron las computadoras y los que no, en las áreas de comunicación, matemáticas y estudios sociales.
A pesar de los resultados positivos y del interés de la comunidad en seguir siendo una ciudad en la que todos los niños tuvieran computadoras portátiles que pudieran llevar a sus casas, el programa llegó a frenarse. Desde el año 2012 hasta hace pocos días no se llegaron a entregar computadoras a los alumnos. El problema consistió en que, si bien la iniciativa nació en el sector privado, siempre quedó claro que no podría seguir adelante si no se convertía en una política de Estado, con pleno apoyo de los sucesivos gobiernos, tal como ocurre en Uruguay. Allí, el plan Ceibal –así se llama en ese país– comenzó en el primer gobierno de Tabaré Vázquez, siguió con el de su sucesor José Mujica y hoy, que Vázquez volvió a ocupar la presidencia, todos los alumnos son propietarios de una computadora que pueden llevar a sus casas. Uruguay sigue pensando en grande en cuanto a equidad en el acceso a la tecnología y disminución de la brecha digital. La idea ahora es acabar con la exclusión digital de los mayores de 65 años y por eso los jubilados se inscriben para recibir cada uno una tablet.
Ahora, en Caacupé, el gobierno del presidente Horacio Cartes dio un respaldo público al programa UCPN. Fue importante, ya que permitirá que los alumnos caacupeños sigan en la senda trazada. No obstante, así como se valora que el Gobierno haya dejado la indiferencia hacia este programa, que en realidad debió haber impulsado desde sus oficinas donde se piensa el futuro de la educación y de las políticas de TIC, es ineludible insistir en que es hora de que se ponga “los pantalones largos” y se decida a convertirlo en una política de Estado a nivel nacional. Por varios motivos: porque su efectividad está demostrada; por sus alcances integrales, que van más allá de los logros educativos; llegan a las familias de escasos recursos e impactan en la reducción de la brecha digital y, por ende, de la pobreza, y por justicia.
Hoy los niños de Caacupé pueden considerarse privilegiados. Nuestro diario celebra con ellos, pero simplemente no es justo que haya dos clases de niños en el país; por un lado, los caacupeños (unos 14.000) que tienen acceso a la tecnología moderna y a una computadora propia, junto con otros niños cuyas familias pueden proveerles máquinas y formación digital, y, por el otro, la inmensa mayoría de los niños de padres y madres menos pudientes que se educan con herramientas casi medievales en un mundo donde el que está desconectado no existe y no participa del desarrollo y, por lo tanto, está inevitablemente condenado al aislamiento y a la pobreza.
El Gobierno paraguayo, al igual que hizo el de Uruguay, debe convencerse de que el camino más corto y seguro para salir de la pobreza es la educación, y de que la herramienta más importante para la educación es hoy la computadora. Quien la desdeña, está condenado a continuar viviendo en el pasado, y en la ignorancia.
El gobernante que así lo entienda e impulse acciones concretas en consecuencia, pasará a la historia como esos prohombres que tuvieron visión de patria y se ganaron el reconocimiento de la Nación.