JERUSALÉN (AFP, EFE). Israel instaló unos pórticos de seguridad en los accesos a la explanada luego de que dos policías israelíes fueran muertos el 14 de julio pasado.
La Policía israelí encontró que las armas usadas por los atacantes se escondieron en ese lugar, ultrasensible desde el punto de vista religioso para judíos y musulmanes.
El viernes fue masacrada una familia israelí, asesinados a cuchilladas por la noche en su vivienda, en Cisjordania.
Tres palestinos fallecieron en choques contra las fuerzas de seguridad israelíes, en los tumultos que se generaron contra las nuevas medidas de seguridad.
El ejército israelí registró en la casa del palestino masacró a la familia israelí.
La vocera informó que el asaltante, de 19 años y herido de bala durante el ataque, es un simpatizante del movimiento islamista Hamás.
Este grupo terrorista celebró ayer el múltiple asesinato.
“Hamás bendice y saluda la heroica operación que ha sido una respuesta a las violaciones sionistas y a todos sus crímenes contra nuestra gente en Jerusalén”, declararon en un comunicado.
La parte oriental de Jerusalén, la ciudad vieja y los alrededores de la Explanada continuaban ayer bajo una fuerte presencia policial.
Varias decenas de palestinos, con la cabeza encapuchada, lanzaron piedras y neumáticos en llamas a las fuerzas del orden israelíes en varios barrios de Jerusalén y en pueblos palestinos de Cisjordania limítrofes con la ciudad santa, indicó una portavoz de la Policía.
Las fuerzas del orden utilizaron medidas antidisturbios para dispersarlos, declaró.
Desde la reapertura de la explanada, el 16 de julio, dos días después de un mortal ataque contra policías israelíes y la instalación de detectores de metales, las tensiones se han exacerbado durante la semana, culminando el viernes en mortales enfrentamientos.
Israel controla los accesos a la Explanada, pero la gestión del sitio está en manos de Jordania.
Las reglas del actual statu quo establecen que los musulmanes pueden acudir allí en cualquier momento, y los judíos pueden entrar sólo en determinadas horas, pero sin poder rezar, en el sitio donde se erigía el Templo, lugar sagrado para los judíos.
