PARÍS (EFE).La Organización de la ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) aplicó su reglamento interno, que indica que todo país que, sin justificación, no esté al corriente de pago, pierde su derecho de voto.
Estados Unidos, principal contribuyente al presupuesto de la Unesco, con un 22 por ciento del total, e Israel suspendieron su aportación tras la admisión de Palestina, por lo que deben los ejercicios de 2011, 2012 y 2013.
En octubre de 2011 el plenario de la organización votó la inclusión de Palestina como Estado miembro, lo que motivó la medida de EE.UU. e Israel.
Washington ha afirmado que una ley interna le prohíbe contribuir a una organización que acoge a estados no reconocidos por la ONU.
Tanto Estados Unidos como Israel tenían de plazo hasta ayer para presentar alegaciones a su falta de pago, pero al no haberlo hecho, el organismo ha aplicado la norma que les quita el derecho de voto.
La falta de pago de Estados Unidos ha obligado en los últimos años a la Unesco a congelar muchos de sus programas y a prescindir de colaboradores.
La organización se plantea también un plan de reducción de su personal.
No es la primera vez que Estados Unidos deja de pagar a la Unesco, algo que ya sucedió en 1984 por desacuerdos entre la administración que encabezó Ronald Reagan (1980-1988) con la “politización” de la organización.
Vía legal
El embajador de Estados Unidos ante la Unesco, David Killon, lamentó ayer que su país “no haya podido encontrar una solución legislativa” que les permita volver a pagar las contribuciones a esta agencia de la ONU y aseguró que su gobierno “sigue trabajando sin cesar” para resolverlo.
Durante su intervención en la Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), Killon aseguró que EE.UU. “sigue comprometido con el mandato” de este organismo.
“Nuestro gobierno entiende la difícil situación de la Unesco”, aseguró Killon, quien recalcó que la posición estadounidense se fijó antes de la admisión de Palestina.
El embajador definió la Unesco como “la casa del consenso y la paz” y alertó que “no se puede entrar en una fase de politización que sea dañina para esta organización y su integridad”.
