MIAMI (EFE).Su muerte se produjo a los 95 años tras sufrir un “infarto masivo”.
Hombre de principios éticos firmes, culto, valiente, cortés y austero, Huber Matos (Yara, 1918) ocupó puestos de la máxima responsabilidad al lado de Fidel Castro hasta que este se hizo con el poder, en enero de 1959, y, comenzó la implantación de la dictadura comunista; que Matos rechazaba, como a cualquier otra tiranía.
Su oposición al rumbo que tomaba el gobierno de Castro le llevó a presentar su dimisión en 1959, por lo que fue acusado de “traición”.
En un juicio sumario fue condenado a una pena de veinte años de cárcel en Cuba, que cumplió íntegramente, un largo y brutal confinamiento que no minó su voluntad de lucha por la restauración del estado de derecho y la democracia en la isla.
Protagonizó uno de los episodios más mitificados de la historia del siglo XX, el triunfo de la Revolución cubana, que culminó con la entrada en La Habana de la guerrilla.
Según comentó el nieto de Matos, que lleva su mismo nombre, las últimas palabras de su abuelo fueron para su amada Cuba. “La lucha continúa. ¡Viva Cuba libre!”, dijo el comandante en sus últimos momentos.
La experiencia terrible de su encarcelamiento no produjo en Matos ni amargura ni resentimiento, ya en el exilio.
Curtido en la lucha contra el general Fulgencio Batista, fue desde el principio un hombre honrado y sincero comprometido con los más humildes, al observar como maestro rural (doctorado en Pedagogía por la Universidad de La Habana) las duras condiciones en que vivía el campesinado.
Los restos del exlíder, siguiendo su voluntad, habrían de ser trasladados a Costa Rica, donde recibirán cristiana sepultura.
Fue de Costa Rica, país que le acogió cuando salió exiliado por primera vez en 1957, de donde partió hacia Sierra Maestra para unirse a la guerrilla.
“Quiero hacer mi viaje de regreso a Cuba desde la misma tierra cuyo pueblo siempre me demostró solidaridad y cariño, quiero descansar en suelo costarricense hasta que Cuba sea libre y de allí a Yara, a acompañar a mi madre y a reunirme con mi padre y con los cubanos”, dejó escrito el histórico comandante revolucionario.
