Ser golpeado con proyectiles de mortero puede doler, reconoce un joven de 20 años conocido simplemente como El Zorro. Pero están destinados a no ser letales, más bien buscan repeler a las fuerzas gubernamentales de las barricadas de los manifestantes en las calles.
Las heridas de mortero consisten en “una quemadura, o un corte, pero no son mortales”, explica El Zorro.
Indica que están librando, de todos modos, una batalla asimétrica: “La policía tiene (fusiles) AK, tiene armas de fuego”.
“Ellos son los únicos que tienen acceso a las armas”, dice. “La gente pudo enfrentarlos con piedras, cócteles molotov y morteros, con las únicas cosas que podemos usar para luchar”.
Está en un taller improvisado que llama “Artesanos de Monimbo”, en alusión al barrio de Masaya que defendió la revolución de 1979 que llevó a Ortega al poder, pero que ahora se alzó contra el gobernante socialista.
El mecánico Álvaro Torres y sus vecinos fabrican los lanzadores utilizando caños y equipos de soldadura.
