Luego de la independencia de Egipto y el Reino Unido en 1956, Sudán, el gobierno sudanés con mayoría musulmana, se enfrentó al Sur, de mayoría cristiana y animista, en sucesivos conflictos, lo que derivó en una inestabilidad político-económica sin precedentes. Las guerras civiles dejaron alrededor de 2 millones de muertos y unos 4,5 millones de desplazados. Hasta ahora pueden verse las consecuencias de aquella guerra, con infraestructuras obsoletas y servicios básicos insuficientes.
Con la llegada de Omar al Bashir al poder, en 1989, se impuso la sharia o ley coránica, lo que derivó en una gran persecución y muerte a los cristianos y sursudaneses de otras religiones tribales.
El acuerdo de paz llegó recién en el 2005 y se decidió otorgar autonomía al Sur, para luego ejecutarse la independencia, lo que finalmente se concretó el 9 de julio del 2011. A partir de allí, los enfrentamiento con el norte no cesaron.
Y es que a pesar de lograr la independencia, ambos países no resolvieron los límites fronterizos, por lo que se disputan las provincias más ricas. El norte sigue bombardeando el Sur, mientras que este responde con ofensivas en las provincias en conflicto. El 2 de mayo el Consejo de Seguridad de la ONU respaldó un plan de paz de la Unión Africana (UA) y amenazó que de no aplicarse, ambos países serían sancionados.
A pesar de los guiños políticos, la violencia parece no tener punto final y una guerra mayor está en proceso, si no interviene decididamente la UA y ambos países continúan armándose.
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