Además de tratar casos en su consultorio, Ramón Torres es conferencista, aconseja y orienta sobre el amor. Su página es la más leída del país. Hablar con él sobre el amor, dispara temas en todas las direcciones. “El amor, así de simple. Y así de complicado” está tercero en ventas en Amazon en la categoría Psicología; su próximo libro llevará el sello de una editorial mexicana que lo distribuirá por toda Latinoamérica. Torres escribe sobre los celos, la infidelidad, el duelo, el sexo, las culpas. “Cuando nuestra relación se vuelve conflictiva y ya no somos felices, es hora de preguntarnos seriamente por qué. Generalmente confundimos estar enamorados con amar. El gran problema es que no nos instruyeron en el amor y por eso fracasan tantas relaciones”, apunta el profesional.
-¿Qué sucede cuando nos enamoramos?
-El cerebro produce una cantidad de químicos que causan una locura, euforia, ansiedad de verle a la otra persona, de tenerla, de llamarle, pero nadie nos enseñó que el enamoramiento es una etapa que dura aproximadamente 3 años, quizás un poco más. Cuando alguien dice “me voy porque el amor se acabó”, lo que se terminó fue el enamoramiento.
-¿Podemos estar enamorados pero no amar?
-Sí. Como psicólogo recomiendo que nunca se casen enamorados, porque el entusiasmo pasa. El noviazgo es para los besos, las caricias, pero debería ser principalmente para saber qué quiero en la vida.
-¿Por qué tanta gente piensa que nunca va a ser feliz?
-En el contexto de pareja generalmente se busca alguien “que me haga feliz” y eso no es amor, es dependencia emocional. Vamos por la vida buscando quien nos llene cuando deberíamos descubrirnos a nosotros mismos, solo cuando eso sucede reconocemos nuestros errores. En los años que llevo atendiendo, solamente una vez un hombre me dijo: “Vengo porque estoy destruyendo mi matrimonio”. La mayoría culpa al otro.
-¿Cómo es un dependiente emocional?
-Es una persona que está pendiente de las migajas, que tiene que rogar por amor todo el tiempo. En el plano de pareja, el trastorno de la dependencia emocional tiene que ver con que se piense que la vida ya no tiene sentido sin él o sin ella.
-¿Afectan los estereotipos de amor romántico?
-Mucho. Esas cosas como que se despiertan y se comen a besos, no son reales. Mucha gente cree que eso debería pasar y sufre porque no se cumple en su relación. Tengo pacientes que escriben listas de condiciones sociales, físicas, económicas de cómo quieren a sus parejas, y les digo que nunca van a encontrar a alguien así. Van por la vida decepcionándose.
-¿No son buenas las decepciones para crecer?
-Decepciones siempre va a haber, cuando uno va conociendo a su pareja descubre cosas y es normal, no se le deja de querer porque no coincide con lo que creíamos. Ahí suele empezar la lucha por querer cambiar al otro, cuando nosotros somos los que debemos cambiar. Si uno cambia, hay una gran probabilidad de que el otro también lo haga.
-Aún con la excesiva propaganda sexual, hay parejas que no logran plena comunicación en este campo.
-Yo tengo pacientes que llevan 30 años de casados y nunca han tenido un orgasmo; ya no tienen la intimidad para decir ‘así me gusta’, ‘ahí me gusta’ porque sienten vergüenza. Nunca nos enseñaron que el sexo es normal. En nuestra sociedad está engarzado con “algo malo”. Hay sobradas páginas sobre sexo en la red, pero lo mejor es buscar instrucción y no leer cualquier cosa.
-¿Cuándo uno está preparado para el amor?
-Cuando sabés amar pero también sabés cómo liberarte de un mal amor. Cuando hablo de amar mucha gente lo rechaza, le dolió tanto lo que le pasó que ya no cree. En cambio, cuando hablo de dejar de amar causa un furor; porque libera y hace feliz.
Encontrar la pasión
Ramón Torres (51) nació en Acahay (Paraguarí). Se casó a los 21 años y tuvo 2 hijos. “Empecé a escribir textos sencillos para mis hijos adolescentes, hasta que una amiga los leyó y me animó a publicar el libro”, cuenta. Su primer matrimonio se quebró, “no estábamos preparados ninguno de los dos, al cumplir 12 años de casados decidimos separarnos”. Buscando respuestas, Ramón estudió psicología. En la universidad, encontró profesores también separados y con problemas de amor. “Me desanimé, decidí terminar solo por el título. Luego viajé al exterior, continué investigando hasta que encontré mi pasión por el análisis de las relaciones de pareja”. Confiesa que cuando se separó se sintió culpable: “Había hecho infeliz a mi mujer, le prometí amor eterno y no cumplí. Estaba tan dolido que dije que nunca más iba a casarme, pero no porque no creyera en el amor, sino porque pensaba que yo no sabía amar”. Hoy, casado con Susan “Conchita” de Torres, sonríe a una nueva vida. En literatura sus referentes son Riso, Bucay, Stamateas y Coelho. “Sé que no escribí nada nuevo, solo lo bajé a un lenguaje entendible para la gente. Le agrego la reflexión, para librarse de un mal amor o de tabúes, y así lograr lo que la neurociencia llama ‘una nueva conexión sináptica (cuando hacés el ‘click’)’”.
-¿Cuál es su debilidad en el amar?
-Yo aprendí a dar amor, pero tengo un resabio del machismo que tenemos muchos paraguayos, y es no saber recibir amor, no solo de mi esposa, también de mis hijos, de los demás, pienso que “no lo merezco”. Pero en el amor hay que saber dar y recibir.
-¿Qué resultado dio en sus hijos –ya hombres– la instrucción sentimental, el consejo paterno?
-Hoy respeto sus decisiones, ya no les doy consejos, salvo que me los pidan. El fruto es que los veo con mucha más paz que la que yo tenía a su edad.
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