Diez cirugías no fueron suficientes

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José Antonio Casco (34) es otra de las víctimas del accidente que involucró a la Línea 454, empresa “3 de Febrero”, el 20 de noviembre de 2010. Perdió casi todos los tendones y músculos de los dos brazos, lo que lo llevó a diez cirugías para recuperar la movilidad, en parte. Todavía necesita otra operación. Mientras aguarda que la justicia haga su parte, intenta rehacer su vida.

Con resignación, pero con temor, dolor y necesidades, José Casco acepta la situación que le tocó vivir cuando sufrió el grave accidente. Él trabajaba como campana en la misma empresa avisando a los choferes qué unidad les precedió y hace cuánto tiempo había pasado. No tenía salario, sino recibía propinas de los conductores.

Ese sábado 20 de noviembre de 2010, todavía no era la hora de volver a su casa, pero decidió regresar un poco más temprano. Abordó el ómnibus frente a Salemma Super Center para ir hasta San Lorenzo donde vive. “Cuando pasamos la Caminera y llegamos a la Avda. Del Agrónomo y Avelino Martínez, salió al paso un automóvil con el conductor borracho. En un brim bram ya estábamos todos abajo...”.

Casco comenta que al subir al bus saludó al chofer que estaba hablando por el celular que tenía en la mano izquierda y con la derecha manejaba el volante. A su lado, apoyada sobre el capó, iba una mujer que le estaba cebando tereré. El ómnibus iba lleno con pasajeros que se ubicaron hasta en la estribera. “Me abrí paso y me ubiqué más o menos sobre el eje trasero del vehículo con las manos agarradas hacia arriba”.

En ese ínterin volcó el bus sobre el lado izquierdo. Se soltaron los tornillos del techo y se desprendió el apoyabrazos, movimiento que lo tiró hacia la ventanilla y varias personas cayeron sobre él. El colectivo se deslizó sobre el asfalto. “Allí fue que los trocitos de vidrio y las piedritas del asfalto me comieron el brazo. Pensé que me rompí los huesos porque miré mi brazo y veía todo negro, pero no vi sangre y no me dolía. Quise apoyarme para levantarme, pero ya no sentía mis manos. Entonces me arrodillé y me levanté solo con las rodillas. Vi que el parabrisas trasero estaba roto y salí por allí. Todo el mundo pedía auxilio y gritaba socorro”.

Gravemente herido, José se dirigió hacia una canchita cercana, pues conocía a toda la gente del lugar, para buscar ayuda. Fue auxiliado por un conocido, que era médico. “Tenía mucho dolor de cabeza porque sufrí un corte grande y sentía que la sangre se me deslizaba por la espalda. Todavía no me dolía el brazo entonces, pero sí sentía mucha sed, tenía demasiada sed...”.

Los bomberos voluntarios lo llevaron hasta el Instituto de Previsión Social (IPS) y de allí nuevamente a Emergencias Médicas porque el seguro no le cubría todo y no había cirujano de manos en ese momento. Quedó 30 días en Emergencias Médicas. “Iba a quedar más tiempo, pero, como necesitaban camas, tuve que ir a casa”.

Casco todavía no puede abrir totalmente el brazo ni girarlos totalmente sobre sí. “No debo hacer fuerzas. Me dijeron que sí haga ejercicios, pero siento mucho temor. Mis tendones son de silicona y tengo miedo de que se me suelten, en ese caso, tengo que ir nuevamente a más cirugías y tampoco tengo para pagar”.

Relación con la empresa

José Casco conocía al dueño de la empresa y decidió llegar hasta él. Fue con la venda en la cabeza, en los brazos y en las piernas de donde le habían sacado tejidos para los injertos. “Tenía todo vendado y en ese estado tuve que ir junto a ellos hacia fines de enero del 2011. Primero se hicieron del ñembotavy, pero después llegamos a un acuerdo verbal de que me darían 200.000 guaraníes semanales. Cumplieron durante unos diez meses. En ese lapso yo iba a cirugía cada tres meses hasta completar diez. Yo costeaba todos los medicamentos y otros insumos que faltaban en el hospital. Muchos amigos me ayudaron con dinero y con su apoyo”.

Como ya no había forma de llegar a un acuerdo con la empresa y las necesidades de rehabilitación y las cirugías eran cada vez más pesadas, Casco decidió entablar una demanda contra la empresa 3 de Febrero, el chofer y el conductor del automóvil que les salió al paso y que resultó ser un funcionario del Ministerio de Salud Pública. “La empresa 3 de Febrero, como siempre, dice que no es culpable y el chofer del auto ni siquiera responde, pese a que estaba borracho ese día”.

Para tratar de retomar su vida normal, José Casco solía visitar a otra joven de 23 años que también estuvo en el accidente, quedó paralítica y vive en Ypané. Pero decidió dejar de frecuentarla porque le afectaba demasiado recordar todo de nuevo la tragedia.

Entonces buscó superar los traumas gracias a un abogado que lo llevó a los partidos de fútbol en San Lorenzo y Capiatá para compartir con sus amigos. Encontró gente muy carismática y de buen corazón que le sirvió de mucho apoyo.

“Gracias a los amigos superé el dolor y el trauma que sufrí. Acepté los hechos que me sucedieron y ahora debo seguir adelante hasta recuperarmente totalmente. Estuve un año y medio parado, sin trabajo, recorriendo los talleres, las canchitas, los vecinos para cebar tereré”, menciona.

Mientras aguarda que la justicia haga su parte, José Casco consiguió trabajo como inspector de boletas en la empresa Línea 49, La Limpeña, cuyos dueños le dieron la oportunidad para rehacer su vida, según cuenta.

Pero, además de todo, aún aguarda otra cirugía más que le ayude a recuperar toda la movilidad del brazo.

Próxima nota: Volvió a ser como un niño.