El padre José Kentenich, fundador de la Obra Internacional de Schoenstatt, nos dice: “El padre humano debe ser el reflejo terrenal del Padre Dios. Su ser paternal lo lleva a Dios, a generar y regalar su infinita riqueza en vida: felicidad, paz, bondad y poder, y a no mantenerlo exclusivamente para él. Dios Padre le transfiere al padre de familia su paternidad generadora, educadora y plenificadora de la vida. Este es, por ello, su representante e intermediario para dar vida. Quien permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en él”.
La gran misión de la Madre de Dios desde nuestros santuarios, desde sus santuarios es dar a luz un Reino del Padre: el sano señorío querido por Dios, de nuestros padres terrenales, por un lado en la familia y por otro lado también en el Estado. Dios es nuestro Padre y por eso el modelo de toda autoridad paternal.
Rezamos en familia: Padre Nuestro, Ave María y Gloria.