Los nativos digitales presentan una característica clave que se traduce en una nueva manera de percibir el mundo. Hoy se habla de la convivencia de por lo menos dos generaciones: los migrantes y los nativos digitales. Lafuente destaca que esto plantea un código de relacionamiento distinto. “Mientras los nativos digitales tienden a vivir más en un ámbito virtual, los migrantes sufren y se sacrifican por aprender ese código. En algunos casos, con mucha resistencia, por necesidades impuestas, porque de lo contrario serán excluidos de una serie de situaciones y experiencias”, afirma.
Lafuente apunta que la convivencia no es fácil y que esto se observa más en el sector educativo: “Para los nativos digitales, es impensable dedicarse exclusivamente a las relaciones interpersonales próximas. Son hábitos, costumbres, actitudes diferentes. Incluso se habla en la diferencia de la configuración del entrenamiento del propio cerebro. El cerebro se desarrolla en la medida en que se lo utiliza. Entonces las funciones que tiene el cerebro de una cultura eminentemente visual, virtual, son muy distintas a las de un cerebro permanentemente expuesto a disonancias cognitivas que le llevan a buscar soluciones nuevas a problemas complejos, lectura de materiales, efectos, que les exija leer”.
La ministra pone como ejemplo El Quijote, y agrega que es bastante difícil encontrar a un nativo digital que encare la lectura de esta obra. “La Real Academia Española decidió elaborar una adaptación de El Quijote para jóvenes. Es un ejemplo de cómo está afectando la concepción de la industria cultural. Nadie sabe muy bien cuáles van a ser las consecuencias”, agregó.
Incógnitas que surgen
Entre las hipótesis que se manejan, la ministra expone una pregunta que se hacen los estudiosos: ¿Será que en el futuro vamos a tener médicos y profesionales cuya ciencia exige un estudio sistemático, intensivo, por largas horas y que requiera un conocimiento de la realidad que no sea exclusivamente a través de la nube, del mundo virtual, del énfasis en las imágenes?
“Los estudios que se conocen hoy muestran que los nativos digitales son capaces de construir y destruir ciudades virtuales. Sin embargo, no necesariamente esas habilidades se transfieren a poder resolver problemas complejos. Esto quiere decir que las funciones cerebrales que se están aplicando en esa nueva pauta cultural no son similares a lo que la sociedad ha venido desarrollando hasta ahora, y que poder construir y destruir ciudades virtuales no supone el desarrollo del pensamiento formal, complejo, el pensamiento adulto”, indica.
Lafuente destacó que el tratamiento a la Generación Z es un gran reto. “Las nuevas interrogantes que tenemos son sobre cómo va a ser el desarrollo humano con este auge de la tecnología”, dijo, y alegó que hoy el gran problema de las aulas es la convivencia entre migrantes y nativos digitales, que tienen códigos distintos. El sistema educativo y la tradición cultural están centrados en el desarrollo del pensamiento complejo y la capacidad de pensamiento autónomo. La Generación Z tiene una cultura muy distinta, a la que no se está consiguiendo transmitir ciertos temas porque manejan otros códigos.
Cultura del “zapping”
La ministra dice que estamos ante jóvenes que tienen una capacidad de concentración y atención que dura muy poco tiempo, por lo que se conoce como la cultura del “zapping” (cambiar repetidas veces de canal de TV). “Me atrevería a decir que el ‘zapping’ se quedó lento, porque hay una velocidad mucho mayor de intercambio y simultaneidad. Sin duda, hay habilidades que se desarrollan; sin embargo, se pierde la capacidad de concentración y de poder seguir una tarea por un tiempo prolongado”, indica.
Ante la consulta de si la cultura digital exigirá plantear otra reforma educativa, Lafuente indicó que la reforma está ocurriendo con dinámica, por lo cual se buscan encuentros interculturales a favor del desarrollo. “La función principal de la educación es potenciar y aumentar el desarrollo humano, porque biológicamente no es suficiente lo que podemos desarrollar a través de la simple valoración. Por ello, lo que hay que hacer, efectivamente, es generar aprendizaje para que produzca el desarrollo humano”.
El mayor reto
También citó entre los retos más grandes el de lograr la riqueza y amplitud del vocabulario y los códigos que se utilizan. “Hay como otra cultura que se cierra en una generación y una generación que mira perpleja, curiosa, inquieta, preocupada. Nos pasa en la vida cotidiana en todos los entornos: laboral, educativo, familiar. Como ejemplo están los almuerzos familiares en los que los migrantes digitales disfrutan de una buena conversación, mientras que los nativos digitales están en su mundo y de vez en cuando prestan atención a lo que está pasando en ese aquí y en ese ahora”, añade.
En cuanto al desempeño educativo de los nativos digitales, la ministra refirió que el deseo de que los estudiantes tengan una cultura humanista, hayan leído los clásicos, se preocupen por el bien común, choca con otra cultura de tinte más individualista, que vive en una dimensión que no es necesariamente presencial y próxima. “Es muy difícil la convivencia de dos culturas tan diferentes, donde los nativos digitales viven en una velocidad casi de vértigo y los migrantes a paso más lento. Es uno de los grandes retos de todos los sistemas educativos. Los propios Estados pierden mucho poder porque este es un mundo libre en el cual no intervienen, porque no hay fronteras. Se requiere una reflexión profunda. Las sociedades tenemos que ir anticipándonos y conviviendo con las personas distintas que somos, de distintas generaciones, como en muchos otros tiempos”, explica.
“Es un enorme desafío, y no sé si alguien va a tener la respuesta, pero se trata de comprender que estos son los tiempos que vivimos y de fomentar el desarrollo humano lo más posible, porque ese es el objetivo de la educación”, concluyó.
