La agricultura permite a los indígenas autoabastecerse

Este artículo tiene 12 años de antigüedad
Imagen sin descripción

Las comunidades indígenas del departamento de Caaguazú de a poco están comprendiendo que solo el trabajo agrícola les puede afincar en su territorio, mejorar su alimentación e incluso acceder a la tecnología. Hoy algunos asentamientos alquilan su propiedad por falta de apoyo y acompañamiento para cultivar a gran escala.

Santa Teresa, ubicada a unos 80 kilómetros al este de la ciudad de Caaguazú, en el distrito de Raúl Arsenio Oviedo, es otras de las comunidades indígenas mbya que ha logrado el autoconsumo, gracias a la agricultura.

Pero no solo tienen asegurado el pan de cada día, sino también ya acceden a la modernidad. La mayoría de sus miembros cuenta con celulares, mientras algunas familias tiene canales de televisión de la empresa la Claro.

“Nosotros trabajamos, producimos y también tenemos derechos a acceder a la tecnología o la televisión pagada, que muchas veces nos reúnen para ver algún programa”, indicó su cacique Bonifacio Penayo.

Esta comunidad ocupa una propiedad de 600 hectáreas donde viven 139 familia, que totalizan 800 personas.

El cacique, al igual que los líderes de las otras comunidades que hemos publicado, es consciente de que solo el trabajo agrícola puede asegurar el sustento diario. Los cultivos que tienen alrededor de sus casas son ejemplos del esfuerzo que realizan para afincarse en el territorio y no desplazarse a las ciudades.

Los nativos comercializan sus productos en las localidades vecinas como Vaquería o Caaguazú, y en algunos casos, los propios compradores ingresan a la comunidad para llevarse por ejemplo la mandioca.

Un tractor

El trabajo agrícola es aún rudimentario y la azada es la herramienta que utilizan todos los días. Sin embargo, ellos confían en que pueden aumentar sus cultivos con la utilización de un tractor.

Consideran que una máquina puede ser utilizada por las comunidades cercanas.

En este asentamiento la Senavitat construyó 20 viviendas, pero ellos piden por lo menos otras 50 casas más para reemplazar las chozas que varias familias siguen ocupando.

El pedido se debe a que sus ingresos no son suficientes como para construir una vivienda. “Esa sería una gran ayuda a la comunidad”, sostuvo.

En cuanto a salud, sufren muchas dificultades. Ya intentaron habilitar un dispensario, pero no recibieron los medicamentos necesarios y hoy el puesto funciona como un taller. “En los centros de salud de las ciudades también hay problemas porque no tienen medicamentos”, apuntó.

Los sojeros

López sostuvo que los sojeros que llegan con sus cultivos hasta los límites de las casas son un problema cuando fumigan sus plantaciones, pero luego de protestas han logrado que se respeten algunas normas como hacerla las veces que el viento sea contrario a la comunidad.

En ese asentamiento, funciona una escuela del preescolar hasta el noveno grado, donde los niños acuden obligatoriamente para aprender a leer y escribir.

Para el nativo es muy importante que todos los miembros del asentamiento se arraiguen al territorio, y cree que eso se logra solo con una vivienda para la familia, por eso reiteró al Gobierno que construya más albergues.

Los aborígenes cuentan con un vivero de donde extraen las plantitas para la reforestación del terreno, que fue raleado a consecuencia del tráfico de rollos y la invasión de los sojeros.

Alquiler

Ellos tampoco escapan al alquiler de su propiedad. Si bien no quisieron contar cuántas hectáreas arriendan, dijo que son muy pocas. Por cada hectárea alquilada, los sojeros pagan un millón de guaraníes al año, según supimos en el terreno; y es esa oferta ilegal la que tienta a los nativos para incluso arrasar con su territorio.

Esto está prohibido por la Constitución, según su Capítulo V, artículo 64.

El cacique López dijo que los nativos que trabajan, progresan, y no hay otra alternativa porque los montes ya desaparecieron. Finalmente, abogó por un mayor acompañamiento técnico y capacitación para ganar mercados y vender a buen precio los productos.