Una visita solidaria

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La presidenta de Apadem en Bélgica, Christiane de Timmerman, estuvo unos días en Asunción, acompañada por su esposo Ivon Barbier. Convencidos de que la solidaridad directa es la mejor política de vida, disfrutan de ver el fruto de su ayuda en la culminación de un dispensario en Itapúa. “Ya cumplimos 70 años –dicen–, posiblemente sea nuestra última visita al Paraguay, pero nos llevamos lindos recuerdos y el placer de haber podido dar una mano”.

Christiane e Ivon nos recibieron amablemente en el hotel donde se hospedaban. Christiane habla español porque pasó parte de su infancia y adolescencia en Uruguay. “Latinoamérica es un pedazo de mi corazón”, afirma. La presidenta de Apadem en Bélgica desde hace 12 años, colabora con su compatriota Elsa van der Dorpel (residente en Paraguay hace 40 años), quien conoce al dedillo las necesidades de salud de la gente del distrito de María Auxiliadora (Itapúa). Entre las dos han hecho un trabajo a pulmón, voluntario y meritorio para las personas sin recursos. “Tuvimos operaciones importantes, por ejemplo una nena que sufría de pies torcidos caminó recién a los 7 años y hasta entonces se hizo varias operaciones, después necesitó zapatos especiales, todo eso pagó Apadem”, cuenta Christiane. En el 2008 estuvieron en María Auxiliadora para inaugurar los cimientos del dispensario y ahora el matrimonio belga vino a ver la obra terminada. La labor fundamental hoy es la provisión de remedios: “Nos encargamos de pagar los medicamentos, eso era algo urgente allá”. Después de mucho buscar, consiguieron que un médico, un neurólogo, viniera una vez por mes. “Todos los gastos de la construcción, los medicamentos, una secretaria, una fisioterapeuta, el sueldo del médico –más su almuerzo y su traslado hasta el lugar– está solventado por Apadem. No fue fácil conseguir una sola de las cosas, pero estamos muy contentos con los resultados”. Aproximadamente 50 personas se atienden cada dos meses en el dispensario y la idea es conseguir que el médico venga una vez por mes.

-¿Qué problemas de salud sintió más presentes en María Auxiliadora?

-Apadem empezó atendiendo casos de labios leporinos y pies torcidos hacia adentro, con el tiempo se fue sumando gente con otras deficiencias y enfermedades. Aumentan los casos de epilepsia, y estuve enterándome de que se debe en gran parte a la bebida; el alcoholismo hace que nazcan muchos niños así. También percibí la falta de educación sexual, hay mucho incesto, madres solteras, promiscuidad. El sexo sigue siendo un tema tabú. Si yo tuviera 30 años menos, me venía tres meses a trabajar con las mujeres.

¿Cómo fue el encuentro con la señora Elsa?

-Fue muy emocionante. Apadem es su vida, tiene 78 años y sigue muy comprometida; su frase es “mientras esté viva, voy a ayudar”. Tenemos una comunicación franca, fluida y con todas las cuentas claras.

-¿Qué método utiliza para conseguir cooperación (dinero) en Bélgica?

-Como en todo el mundo, la gente da, pero quiere algo a cambio. Así que hacemos una cena para 100 personas totalmente casera (tengo la suerte de tener un chef en mi grupo). Y si cobro 19 euros, es una buena manera para que me den 20. Los postres nos ahorramos porque le pido a cada comensal que traiga uno, así siempre tuvimos una mesa de postres variados. Y luego, como todas son personas de edad, organizamos una partida de cartas.

-¿La crisis económica disminuyó la caridad?

-La gente está economizando en sus gastos diarios, pero siempre hay quien colabora. Algunos querían una deducción fiscal por su donación, para eso yo tenía que asociarme a una institución grande como Cáritas o la Cruz Roja, pero entonces ellos me tomarían un porcentaje y para mí no habría ganancia. Así que preferí quedarme en lo pequeño, lo simple y continuar.

-¿Aquí también juntan fondos?

-Sí, hacen rifas, fiestas, tienen colaboradores institucionales y gente que aporta; incluso Elsa tiene ahora una entrevista con el gobierno encarnaceno para conseguir un subsidio y agrandar el dispensario.

-¿Siente que los beneficiarios retribuyen la ayuda?

-Cuando ves a una mamá que viene llorando con su bebé en brazos a darte las gracias, no necesitás más. Pero también hay casos como el de un señor a quien se le dio una silla de ruedas y me contó Elsa que después supo que la vendió porque necesitaba dinero.

-¿Qué precisamos para ser solidarios?

-Si querés ayudar a alguien: tener la mentalidad dispuesta. Segundo, ser generoso con tu bolsillo o con tus manos, siempre hay cosas que hacer. A ayudar se aprende en la casa.

-¿La juventud europea tiene esta virtud?

-Sí, aunque no como nosotros por ser cristianos, ellos son humanistas. La fuerza viene cuando uno descubre la satisfacción que da poder aliviar el sufrimiento de otras personas.

-No abunda mucho la gente que trabaje sin pago…

-Hacen mucha falta voluntarios para agilizar las cosas. Por mi dossier, yo conseguí 5.000 euros que daba la Lotería Nacional de Bélgica para proyectos de ayuda social, pero por la lentitud que hubo –acá– para concretar trámites, planos y presupuestos, venció el plazo de presentación y por eso no pude obtener más plata para hacer un pozo de agua. Fue una pena.

-¿Hay más proyectos para María Auxiliadora?

-Sí, discutimos con Elsa sobre los proyectos futuros. Queremos poner un tanque de agua, también agrandar la casa para dar clases de refuerzo escolar y hacer una fábrica de dulces para vender. Y lo último que se me ocurrió aquí y ahora es hacer una página web de Apadem-María Auxiliadora.

-Señal de que dar la mano, despierta acción y creación.

-A mí me gustaría que el dispensario creciera mucho más, que se enseñara sobre nutrición, a cultivar la tierra para el consumo familiar. Vamos de a poco, no hay que pensar en cosas grandiosas, las pequeñas ya sirven.

-¿Qué desea para Paraguay?

-Que llegue un presidente que abra los ojos, que traiga justicia y salud.

Christiane e Ivon están a punto de cumplir sus bodas de oro. Ya jubilados, disfrutan de su tiempo libre; se mantienen saludables comiendo sano y haciendo deporte. En Apadem-María Auxiliadora vieron la realidad dolorosa de niños paraguayos desnutridos, con meningitis y otras enfermedades. Pero como la esperanza alivia y premia, también compartieron una hermosa cena con amigos donde cada uno expresó sus sentimientos. La pareja se despidió muy contenta y siguió viaje. No quisieron dejar de agradecer a todas las personas con las que conversaron y les enseñaron más de Paraguay.

lperalta@abc.com.py