CAACUPÉ, Cordillera (Desiré Cabrera, de nuestra redacción regional). En el quinto día del novenario, Mons Ignacio Gogorza, obispo de Encarnación, lanzó una dura crítica a las autoridades diciendo que si uno escucha los discursos parecería ser que vivimos en país muy diferente, donde se respeta la dignidad de todos los ciudadanos, se busca superar la pobreza y la corrupción existente. Que además se respeta la libertad de expresión y de acción y se tiende siempre a mirar el bien común.
“Pero analizando la realidad, encontramos algunas luces y muchas sombras. En el ámbito político hay divisiones entre los integrantes de los partidos mayoritarios por motivos particulares y esta situación impide muchas veces la aprobación de algunos proyectos y la toma de decisiones sobre ciertas situaciones específicas que se han presentado”, remarcó.
Mons. Gogorza manifestó que en el ámbito social existen signos de querer superar la corrupción y ciertas situaciones de pobreza y otros. Pero siguen vigentes los problemas de la tierra, de la deforestación, de la salud, de la falta de fuentes de trabajos. Además está la pobreza y pobreza extrema, sin esperanza de poder superarla de forma inmediata. No porque no haya medios, sino a causa de la corrupción existente en muchas instituciones públicas y privadas junto con la impunidad.
En la celebración religiosa estuvo presente el fiscal general del Estado, Dr. Javier Díaz Verón y su comitiva. Así como el fiscal adjunto de Cordillera Dr. Édgar Moreno y la fiscala Sandra Quiñónez, entre otros.
El obispo sostuvo que todo esto nos lleva a pensar que los que integran los entes públicos y privados, no tienen voluntad política de solucionar estos problemas existentes, porque están llevados por su egoísmo, intereses particulares o grupales y ambiciones desmedidas, así como por la falta de patriotismo.
Mea culpa de la Iglesia
Así también, durante la homilía el Mons. Gogorza hizo un mea culpa del actuar de la Iglesia, diciendo que “no hemos dado, ni damos siempre un ejemplo de vida fraterna”.
Subrayó que duele comprobar cómo en algunas comunidades cristianas y aun entre personas consagradas “consentimos diversas formas de odio, divisiones, calumnias, difamaciones, venganzas, celos y deseos de imponer las propias ideas. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos?”, indicó.
