Muchos de estos espacios públicos continúan ocupados porque persiste la incertidumbre sobre qué sucederá con los damnificados.
En la zona de 21ª Proyectada (Barrio Obrero), paseos centrales y canchas que anteriormente eran lugares de esparcimiento de niños y adolescentes los fines de semana, hoy están completamente copados por precarias viviendas y una inmensa cantidad de basura que la Municipalidad de Asunción no recoge.
También en pleno microcentro, los pobladores de la Chacarita invadieron las plazas que están situadas en la zona del Cabildo.
Muchos de los damnificados dicen que quieren retornar a los bañados, pero que la incertidumbre respecto al comportamiento del río no les permite abandonar definitivamente los refugios.
Es el caso de Rocío Martínez, quien tiene 28 años y cuatro hijos. Ella es ama de casa y su marido se dedica a trabajos esporádicos o “changas” para sostener a la familia. Ella dice que quieren regresar a su antigua vivienda, pero que temen volver a perderlo todo con otra crecida, como ocurrió el año pasado.
Guli Guimaraes tiene 21 años y ya tiene tres hijos. Su pareja tiene la misma edad. Toda la familia vive cerca del Cerro Lambaré desde la última crecida.
