Liz mencionó que ese momento que el Santo Padre le tocó el rostro y pegó su frente con la suya, ella le confesó su deseo de convertirse en religiosa, cuando Francisco hizo un gesto y con una gran sonrisa le dijo: “Liz, vos no te das cuenta de que con lo que estás haciendo ya sos una religiosa”
Liz cuida de su madre María Victoria (49) que sufre del mal de Alzheimer y de su abuela Agustina (84), desde hace más de tres años, cuando se le diagnosticó la enfermedad a su joven madre, con ayuda de una tía suya.
Añadió que el instante que estuvo al lado del Papa, este le transmitió mucha paz y seguridad, por lo que no lloró, al sentirse protegida, experimentando mucha paternidad de su parte. “Es una persona maravillosa que te brinda tranquilidad, paz y una mezcla de emociones que hacen que esto haya sido una experiencia única”, dijo, visiblemente emocionada.
Liz recordó que estuvo varios minutos en contacto directo con el Papa, incluso más que con otros jóvenes, presentes en el momento del encuentro.
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