Tráfico de droga sigue creciendo y solo cambian los “patrones”

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El narcotráfico en Paraguay es de larga data. Hasta hace algunos años, el negocio era dominado sin discusión por grandes jefes brasileños con más infraestructura que contaban con más contactos, rutas e infraestructuras para procesar y sacar la droga. Con el paso del tiempo, fueron los paraguayos tomando el mando.

Fernandinho Beira Mar, proveniente de Río de Janeiro, Brasil, tuvo que huir debido a que la Policía lo tenía en la mira. Ya en Paraguay decidió establecerse en Capitán Bado, donde se alió al clan Morel, que estaba formado por el patriarca João Morel y sus hijos Ramón y Mauro. Los negocios florecieron por largos años tras la alianza de estos dos bandos, sin embargo, en el epílogo de los 90 Beira Mar se sintió traicionado por sus socios paraguayos.

Todos saben cómo se saldan este tipo de ofensas en el mundo de la mafia del tráfico de drogas. El 13 de enero de 2001, sicarios al servicio de Beira Mar ubicaron a los hermanos Mauro y Ramón, en un silo en Capitán Bado y los acribillaron. Se había desatado la guerra, que se llevó vidas de uno y de otro bando. João Morel estaba preso en una cárcel de Campo Grande, Brasil, hasta donde llegó un sicario que mató al último de sus socios paraguayos.

Fernandinho estaba siendo buscado, ya no solo por autoridades del Brasil sino también por la DEA. Necesitaba de más gente de confianza a quien pudiera poner al frente de la organización criminal y pensó en Luiz Carlos da Rocha, un narcotraficante también buscado en el vecino país. “Cabeça Branca”, el alias con el que se conocía a Da Rocha, se instaló en la zona de Yby Yaú, donde bajo la fachada de un exitoso ganadero, comenzó a operar al servicio de Beira Mar.

Tal vez “Cabeça Branca” no era el más poderoso de los traficantes de drogas, pero sí uno de los más astutos, esa fue la virtud que vio en él Beira Mar, quien ya no podía soportar el acoso de las fuerzas antidrogas huyó a refugiarse en las selvas de Colombia, donde recibió protección de las FARC, hasta que finalmente fue capturado.

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Luiz Carlos quedó como el “patrón” y también reclutó a un ejército de narcotraficantes y sicarios, para apoderarse de los negocios. Fue entonces que trajo a Jarvis Ximenes Pavão, Ireneu “Pingo” Soligo e Iván Mendes Mesquita, quienes iban a ser los encargados del tráfico indiscriminado de drogas desde Paraguay al mundo.

El negocio iba bien hasta que a mediados de 2004 aparecieron grandes carteles en la zona del departamento de Amambay con los nombres de todos los traficantes brasileños que estaban operando desde el sitio. Una vez más “Cabeça Branca” fue el más astuto y se volvió un “fantasma”, pero siguió operando y comenzó a dar grandes poderes a un paraguayo que se ganó su confianza, Carlos Sánchez, alias “Chicharã”, quien comandaría todos los negocios en la zona.

Los paraguayos recuperaban espacios y se inició una nueva casta de “narcos” que tenían un gran apoyo político y protección, para extender sus tentáculos a otros departamentos.

victor.franco@abc.com.py