La previa caacupeña

Un joven oyente decía en un programa de radio: “Vamos pues a Caacupé, se van a ir muchas chicas”, el conductor, siguiendo la intención, le contestó “¡¿Pero vos te vas para rezar o para mirar chicas?!”

La mayor fiesta de la Virgen Patrona y Protectora del Paraguay predispone a los devotos para llegar hasta Caacupé. Hay tantas razones como personas alistando sus pies y, amén su mente y corazón, algunos van para pedir milagros, otros para agradecer los favores recibidos, otros por tradición, otros, como el joven del inicio, buscan encontrar pareja, porque por más “gastado y anticuado del deseo marital”, también muchos lo piden en oración silenciosa.

Por otro lado, hay creyentes que están en cama o no pueden movilizarse bien o simplemente buscan evitar el gentío. Otros miles fueron una sola vez y la experiencia no les resultó agradable, por lo que ya no más y siguen las noticias y la misa por radio o televisión. Para el peregrino que mantiene su fe y gusta caminar con otros, los obstáculos, las penurias físicas se salvan siempre de alguna manera. Para el que cree, mas no peregrina hasta la basílica, también le puede ser concedida la gracia que anhela a través de la intercesión de María ante Jesús.

Ir o no ir no debe considerarse como tener más o menos fe, aunque sí esta gran fiesta mariana que congrega a millones anualmente demuestra concretamente el camino que los católicos (mayoría en el Paraguay) ha elegido seguir, aunque cueste tanto alcanzar los objetivos.

La profundidad de la fe es un diamante interno, pero nuestra fe, como todo don, puede acrecentarse y nutrirnos o no ser cuidada y morir. Con los tiempos turbulentos que estamos viviendo, la peregrinación es en sí misma una demostración para superar las ofensas, cuestionamientos e incluso condenas de otras religiones (sobre la Virgen) y también de los ateístas.

PUBLICIDAD

La imagen de la Virgen de Caacupé, tan esmerada, –aún con rasgos que no tienen que ver con nuestras raíces– tiene el sentido de transmitir su castidad, obediencia, bondad y belleza, dones hoy despreciados ideológicamente “por discriminar y limitar el avance hacia la igualdad de género”.

Las mujeres paraguayas han sido muy devotas a la Virgen y son ellas las que mantienen con celo la fe en hijos y nietos. Hay generaciones familiares donde esta llama soporta los fuertes vientos y tormentas.

Pero más allá de lo emocional, en estos días previos de preparación, hay que ser paralelamente críticos con nuestra realidad país. “Rezar no sirve de nada” vamos a escuchar mucho todavía. Ciertamente, no sirve sin intención y sin compromiso. No obstante, el rezo consciente, hondo y sincero es un poder de transformación personal y social.

Que vivimos tiempos complejos, así es y no podemos cerrar los ojos. Debemos pedir para ser favorecidos, trabajar por la paz espiritual de nuestro pueblo, por la justicia en todo orden, por la recuperación de los valores familiares y morales, por gobernantes honrados y preparados, y también, muy especialmente, por la depuración en la misma Iglesia: cúpula y pueblo.

PUBLICIDAD

Peregrinos, el camino es largo y las cruces pesadas.

lperalta@abc.com.py

PUBLICIDAD

Te puede interesar

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD