Perdón, pequeña, por el dolor que ha llegado a tu alma, y a tu cuerpecito de once años que aún no entiende esta tormentosa transformación que empezó hace unos meses sin que estés preparada fisiológicamente y mentalmente para soportarlo.
Perdón, pequeña, por esta etapa en que se supone que solo debías preocuparte en ir a la escuela, a compartir con tus compañeritos, en correr, saltar, jugar, disfrutar de una niñez que debe ser solo eso, pura alegría y crecimiento.
Perdón, pequeña, por esos preciosos sueños que se atesoraban en tu corazón, por esas aventuras que visionaste y que ahora se convierten en una herida.
Perdón, pequeña, porque en tus brazos solo debías mecer a una muñeca como parte de un juego y ahora se ha convertido en una tarea impuesta por un monstruo que arrebató tus días calmos y los convirtió en tormenta.
Perdón, pequeña, porque solo debías ser amada, reconocida, atesorada y transformarte con el paso del tiempo y bajo tus propias decisiones en una mujer segura, fuerte y hermosa y, sin embargo, te forzaron perversamente a pasar a etapas para las que no estabas preparada.
Perdón, pequeña, por no cuidarte y por no protegerte con un sistema que endurezca las medidas para aquellos que cometen tan cruel abominación.
Sabés, pequeña, según un último informe presentado por UNFPA, dos de cada tres nacimientos ocurren en los países del Cono Sur y Paraguay es el que tiene la más alta tasa de fecundidad adolescente en la subregión: 72 nacimientos por 1.000 mujeres entre 15 a 19 años.
Te cuento más. En nuestro país, en el 2018, los hospitales del Ministerio de Salud, atendieron 12.544 partos de adolescentes entre 10 y 19 años. De estos, 380 correspondieron a adolescentes de entre 10 y 14 años, niñas como vos, pequeña.
Sabés, pequeña, la Ley 6002/2017 establece una pena de hasta 30 años de prisión para los abusadores.
Me pregunto, pequeña, si podríamos llegar a tener un sistema judicial que agilice cada denuncia para que aquellos monstruos ya no caminen por las calles acechando a otras pequeñas y causando más dolor.
Hoy, pequeña, solo podemos pedirte perdón por no cuidarte como sociedad.
Sabes pequeña, si te tuviera cerca, te diría en voz bajita, susurrándote al oído: quiero abrazarte fuerte para darte fuerzas. Y te contaría que lloro, lloro de dolor.
Perdón, pequeña, perdón.