Todas las culturas cambian, evolucionan, no se congelan en el tiempo; y en esa evolución procuran guardar los rasgos más valiosos que le han dado el ser y la identidad. Incorporan novedades y las acomodan en su cultura. La sabiduría de su pueblo las va integrando para mejorar sus modos de vivir y el sentido profundo de sus proyectos y vidas.
La pregunta del título de este artículo tiene sentido porque en las dos o tres últimas décadas aparecen signos claros de cambios, algunos muy importantes, que tal vez se están produciendo sin una visión y análisis críticos por parte de los líderes responsables de vigilar y promover la vitalidad y fecundidad humanizadora de nuestra cultura.
Creo que hoy más que nunca hace falta reflexionar sobre los impactos que está recibiendo nuestra cultura y su sentido en un proceso constructivo de nuestra evolución cultural. Nos hace falta filosofía de la cultura. Hemos podido leer en los diarios que actualmente de cada cuatro niños que nacen tres son fruto de fuera del matrimonio. Es evidente que el valor familia está afectado.
Es dato de conocimiento común que son cada día más los matrimonios que deciden separarse y en la casi totalidad de los casos formar una nueva pareja. El valor matrimonio de hecho está también afectado. El valor comunicación directa interpersonal también está siendo afectado y de una manera exorbitante en sectores significativos de adolescentes, por el uso indiscriminado y casi compulsivo del teléfono celular con todas sus posibilidades extraordinarias de recepción y comunicación de mensajes e imágenes.
El valor capacidad de reflexión autodirigida con dominio de la introversión tiene muy poco espacio. Los lenguajes, por ejemplo, del cine y la televisión son superacelerados y no permiten procesar personalmente la información que nos llega en lenguaje de imágenes, porque cuando queremos empezar a asimilar la imagen presente en la pantalla, ya somos avasallados aceleradamente por otras más en un constante bombardeo, que nos lleva de la sensación a la reacción, sin pasar por el proceso normal de percepción, imagen mental consciente, conceptualización, juicio y razonamiento. En definitiva somos manipulados con un acoso sensorial permanente por la vista y el oído.
Es larga la lista de valores característicos de nuestra cultura que están puestos actualmente en situación de crisis. La mayoría de la gente cuando hablamos de cultura parece que nos estamos refiriendo sobre todo y casi exclusivamente a las bellas producciones de artesanía, artes escénicas y artes visuales, literatura, música, etc. En realidad hay muchos conceptos de cultura, pero si entramos en la perspectiva del concepto “objetivo” de la cultura, no podemos dejar de recordar que cultura es “el conjunto de valores, normas y bienes materiales que producen los seres humanos”.
La Secretaría Nacional de Cultura parece que privilegia en su atención la defensa del Patrimonio Nacional y la promoción y apoyo de las diversas industrias culturales. Es una linda tarea. Ojalá que en sus programas se incluya con el mismo entusiasmo la defensa y promoción de los valores y de las normas que caracterizan a nuestra cultura.
Debemos ser honestos y reconocer que la Secretaría Nacional de Cultura por sí sola no podrá enfrentar y conseguir los objetivos que le marca la ley, menos aún si se le sigue dando una financiación tan escasa en el Presupuesto General de la Nación. Creo que la Secretaría Nacional de Cultura y el Ministerio de Educación y Cultura tienen por delante un campo inmenso de trabajo.
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